Estimados estudiantes,

Os escribo consternada y bajo verdadero estado de azoramiento. El motivo de la presente nace en las declaraciones, que he transcrito, del escritor Martín Santomé, conversación mantenida a pie de escenario tras la conferencia-presentación de la quinta edición del DSM. Su pensamiento y postura de ruptura, soy portavoza en la medida en que he sido sujeto receptora dentro de su discurso, se calza patente en el símil que me ha trazado nada más acercarle el canuto y hacer click en REC. «¿Conoce usté el libro de la Ley de Mam, en Dogville?», cuando constesté, boquiabierta, con un leve movimiento de barbilla, que sí, Martín me disparó: «Pues, fíjese, lo mismo hallo yo en el índice DSM que en el catálogo Mam’s law.»

Por mucho que un pensamiento o discurso de ruptura como este que expresa Martín Santomé deba ser interpelado a presentar un orden restaurador, el escritor dice que «el compendio del DSM…» ya en su quinta edición; fatiga y labor de numerosas mentes humanas todas del ramo de las jóvenes cátedras de psicología y psiquiatría (esta última no tan joven), «… es un libro dañino.», responde a la interpelación, además, en conciso: «No presento reemplazo. Demando su disolución sin sustituto.»

Y, siendo esta actitud consciente, así contesta a la interpelación otra que reza “estos posmodernistas post-estructuralistas siempre criticando, siempre en oposición, nunca traen alternativa de recambio” –los paréntesis son míos–: «Eso es (clan del sombrero de aluminio); así sea (román paladino); amén (latín); e cosí (italiano); that’s it! (inglés); i jo tot sol a sota el portal; mans escorxades! (catalán republicano y estado europeo); Eureka! (lenguaje matemático); Alá (que ídem proteja al pueblo “del Dios sin imagen ni nombre” del canal de televisión privado 13tv y, por citar, de la tertulia El Cascabel).

Cuando he referido a Martín ulteriores justificaciones de su ruptura sin recambio, a modo de final del proceso de cambio: «Igual como que para revocar la Ley de Mam en el contexto de Dogville, tampoco considero necesaria una neo-esclavitud u otro tratado de leyes sobre la raza.»

Antes de girar el hilo, hilando un futurible, transcribir más literal qué fue qué le grabé al  escritor al pie del escenario tras el coloquio con que concluyó la ristra de conferencias en relación al DSM.

«¿Qué opinas? Antes, bien, el DSM indexa patologías mientras que en la ley de los esclavos se catalogan filos, taxones digamos alopáticos. Uno dice cómo no ser y el otro describe a los que son. ¿No te parece?

» Para que se plasmen aquí mis contextos personales tras haber expuesto la anterior semejanza, explicar que en los peores momentos de mi vida, he tenido buena cuenta de evitar que se levanten sobre mi persona las enfermedades que ahí se recogen.

» Es decir, lo mismo que cuando el aparato mediático de hoy me llama antisistema yo le digo que “el sistema es antimí o antihumano“, cuando me han tratado de enmarcar con la etiqueta esquizofrenia he respondido “¡perfecto! no me curen: capacidad de habitar varios planos de la realidad simultáneamente”; o cuando me han tratado de frenar con la de bipolar he respondido: “¡perfecto! no me curen: capacidad de oscilar aquende y allende el bien y el mal, motor de corriente alterno ying-yan liberado a pleno rendimiento.” A ver, son dos chascarrillos, pero si alguien me financia la obra, repaso el índice entero agregando la traducción emancipadora aplicando inducción de a gnomo.

» Claramente, quisiera apuntar, jamás publicaría el párrafo anterior en un post del Facebook. Si comparto tal comentario es por entender que me encuentro hablándoles a los estudiantes universitarios, ¿no, Laura?, en una red privada de personas especialmente despiertas y ocupadas de su autogobierno pues de otro modo malamente podrían servir de faros o de brújulas al gobierno de otros humanos más dormidos.»

Me parece que patente ya se aprecia la posición de Santomé. Después, sobre el tema, ya salidos del estrecho encuadre en el que se origina, de boca del escritor: «Otrora que el III Reich hubiera intentado una uniformación mundial no basada en la etnia sino en la conciencia». Singular ucronía abierta, a una Europa distinta, que Martín va a explicarme y yo a transcribir.

A ustedes, estudiantes de psicología, que tienen el destino del Hombre en las manos, a nadie ya se le escapa que el hombre (humanismo-política-sociedad)¹ es un barro moldeable dentro de las generaciones de la sociedad del espectáculo, les recuerda Martín Santomé semejante error que Europa padeció en el reinado del máximo canciller germano, vale decir: «si el fürer hubiera basado su uniformidad hegemónica aria o, digamos, proto-hindoiraní, en una construcción junguiana de arquetipos conscientes/inconscientes colectivos antes que en un tonto juego eugenético de selección de alelos, apuesto, ucrónico, otra Europa hubiera existido.»

Diseñando otro pasado, Santomé, expresa que en lugar de destruirse durante las guerras mundiales, la vieja Europa hubiese perpetrado algo así como el regreso de entre los muertos, un regreso bodhitsava, a modo de ángel de la guarda (que eso es el Estado del Bienestar: alimento, educación, sanidad) a la vida de la Aldea Global.

Dijo Martín: «Los Aliados con E.E.U.U. a la cabeza y U.R.S.S. en la cola, capitalismo y comunismo, empresarios o políticos, pisotean lo que pudo ser el centro neurálgico del poder humanista que ya Lao-Tse llamó Tao y Godwin llamó en sus escritos “la técnica, la política y la cultura del sin poder”». Queda de nuevo divergente pero coherente la postura de Santomé respecto a qué fines debe perseguir la unión económica europea y a qué medios debe atenerse.

Acaba el escritor de justificar su ucronía: «Si Hitler, extensible al Triple Eje al completo, no se hubiera apoderado del fastigio que traía la corriente de la tradición perenne, muy nacida en el Meditarráneo, para armar su faraónico imperio y meter así su epónimo en la lista de grandes césares, sino que, menos egoísta que ecoístamente, hubiese cristalizado la red crística de conciencia a través de las aceras y el asfalto de las urbes que conquistaba, erigiendo en parangón edificios en la tierra y edificios en la ciudad etérea, pasillos y escaleras que engarcen la ciudad de abajo con la ciudad de arriba, todo necesitado de mucha obra imperial y megamegadimensionada, entonces el sistema de economía-mundo este no hubiera empezado con el plan Marshall. ¡Yo te rindo adoración, nonata Aldea Global, de derecho y obligación e imperativo universal! Algo no por muchas veces relatado menos deseable y anhelado. Todavía voy a mencionar aquí el obrón insigne intitulado El Poder del Amor que Nosce² viene embrionando…» Aclarando que para Martín el plan Marshall supone el inicio de la Revolución Digital y con ella el cierre exclusivo de su hilo histórico alternativo, y que excede de los límites de esta entrevista y carta abierta de desolada y zozobrada estupefacción la semántica del Poder del Amor, me queda por citar esta apostilla que Martín agregó con el dedito índice en ristre: «Donde prima el interés financiero no priman ulteriores constructos colectivos.»

A la pregunta ¿qué pudo ser Europa si no, 1989, muro de Berlín, la puta y criada de las finanzas mundiales?, Martín: «Europa, en el tercer milenio, en lugar de ser lo que va a ser: parque de atracciones para las economías orientales y nórdicas, fuera la cuna del ocio (Racionero; del paro al ocio, 1983), fuera la síntesis del pragmatismo protestantista laboralista naturalista nórdico y el existencialismo humanista mediterráneo hipostático y perenne.»

Me despido ya. No quisiera, cronófoba, devorarles más tiempo, ahora que van en pleno labor intus en sus universidades. Sin más que agregar que fue al final del canutazo cuando el escritor floreció la postilla que a continuación transcribo. Le dije mi intención, la de escribirles a ustedes la presente, y él soltó un muy recomendable consejo, aunque de mucha seriedad debido al riesgo que conlleva. Aquí, respecto al riesgo, digo yo lo que incluye en su chuletario el profesor Escohotado, de quien –si me lo permite usté y siendo que usté sea estudiante universitario español– debería declararse al momento discípulo –sea que no haya filósofo mayor en nuestro reino, a día de hoy; ¡vanguardia: usa internet para construir sus obras!–, y que es que siempre templa con diretes griegos: «No hay veneno sino dosis.» A ustedes, siendo que serán los dioses del pensamiento del futuro, que moldearán con sus manos (y sus teclados) a conciencia al hombre sano, al hombre modélico, entonces como postrero, Santomé quiere decirles, particularmente a los especializados en terapia:

«Hagan por tomar una o dos veces unos gramitos de xilocibe antes de acabar la carrera. No comiencen a ejercer del todo sobrios. La responsabilidad que de su visión emana bien merece el riesgo de sacudirla enteogénicamente una o dos veces.

» Pues, en verdad, ustedes lo descubrirán si acaso no lo han hecho ya precozmente, su profesión al uso del Mercado Único consistirá, en ello les irá el sueldo mensual de su economía familiar, en aprovechar el miedo de quienes habiéndose subido a un tigre se han querido bajar sin consentimiento del felino. Nótese aquí no se habla de enteogenia sino de cordura básica.

» En aprovechar el miedo, en la forma que le haya sido propia a quien ahora yace derrotado en el suelo. Ahí ustedes, vía aplicación de su índice DSM, serán obligados a enjaular el porrazo. Pero, ¿y si, por lo contrario, ustedes le manifiestan a ese alguien, llanamente, que de no haber sucumbido al pánico del cabalgar, al vértigo, todavía seguirían cuerdos? Que con el porrazo, aunque ahora enfangados en el barro, no mancharon su honor, que no pecaron profanando su alma; sino que el miedo les venció. Sin más.

» Aquí otra petición les hago: traicionen su juramento profesional (no el Hipocrático, ese es fundamental. El otro.) No sean buitres, hienas, no cacen pacientes, no sean tróficos ni sean carroñeros. No hagan leña de los árboles caídos. No patogonomicen; hagan empleando todo el honor, el conocimiento y la solidez que su profesionalidad encumbra tras años de preparación, hagan como buenos padres modernos: no quieran ver en su hijo mano de obra barata; desposables en el entramado dinástico; no hagan de sus pacientes clientes.

» Hagan como buenos padres modernos: penetren con su mente la burbuja del que se cayó del tigre porque tuvo miedo; sáquenle con puentes de transferencia (ahí bien la cura por el habla) al exterior, móntenle de nuevo en el tigre, susúrrenle en los oídos dando unas palmaditas en los hombros “Esta vez, no te bajes hasta que el animal se pare. Deja pasar el miedo.” O, si fuera el caso, si realmente ustedes como terapeutas necesitasen tenerles pagando las sesiones de terapia semanales porque necesitan verdaderamente ejercer por dinero y no por amor a la ciencia, entonces, bienvenido sea el coaching moderno; hazle sudar la camiseta humanista, machácale las tablas de derechos universales del hombre, repásale los formularios de historia de las civilizaciones. Eso mucho antes que ese mentado aprisionamiento en la enfermedad clínica, lo dicho, ¡abajo el DSM! ¡Arriba el listín telefónico y la Wikipedia!, ¡Más humanismo, más política, más cultura y menos Prozac y diagnósticos clínicos! ¡Abajo eso de: “estás enfermo y mi libro dice que tu gran rival se llama <nombre de patología>”! ¡Arriba eso otro de: “venga, ensaya y falla, ponte en pie, prueba e hierra, vuela”!»

Saludos cordiales y buenas farras los jueves noche. ¡Suerte con el proyecto de final de carrera! Sincera y vuestra (me da fortaleza y sostén imaginar que todos vosotros, estudiantes universitarios de la mente de la salud y del comportamiento humano están ahora mismo aplicándose entre ensayos, tratados y cuadernos de apunte; me saca mucho de la pena de ahora imaginarles a ustedes estudiando y aplicándose para salir pronto a tratar en persona los asuntos que a mí ahora me desvelan).

Laura Avellaneda, personaje apócrifo de la profesora Mariaceta cátedra por filologías en la universidad de las Letras y los Símbolos de la Grande Estepa entre las Arcadias del sur de Europa (U.L.S.g.A.S.E.) .

Notas:

¹ http://laeditora.org/econopoly-4-0/

² https://nosce.wordpress.com/2015/01/11/partid-ese-despierta/

P.D.: Cuando a mí me tiran el DSM me sale que soy Hiperestésica y Ninfómana. Yo, además, se patologice no en otro lugar que en la sección de transtornos sexuales, me considero Pansexual. Tomen nota de mi correo electrónico, si gustan.

P.D.2: Son ejemplos, pero, efectivamente, si alguna vez me recibes en tu consulta como profesional, será por supuesto obligada por algún poder superior o institucional, recuérdame que trate de escapar aunque en ello me vaya la vida, como si yo fuera una esclava negra juzgada ante la ley Mam, y, por favor, haga por prometerme que hará lo imposible por animarme a salir por patas de su consulta y del diario-archivo de su diagnóstico, y que, ayudándome a escapar sin que los carceleros del reino de pensamiento finito nos vean (¡puaj, asco! por Derrida),  me besará los labios, me insuflará libido, y me instará a correr sin mirar atrás, borrando el rastro al paso, y que embarque en un Stultifera Navis varado en un muelle del puerto…

P.D.3: Soy bolillera. Hago con los bolillos colgantes de 64 cuencas, para rezar circulares de Ave Gestalt. Haz pedido en mi blog.

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