Parecía aquél día, ¿te acuerdas?, una situación extremamente caduca o efímera o impermanente. Hablábamos, y descendíamos a Sants, del vórtice como de una ubicación para una persona absolutamente momentánea. O, más, instantánea. De hecho, un vértigo fibrilaba la conversación, bordeando la Plaza de España.

Aunque quizás, ahora que escribo el recuerdo, la energía que chisporroteaba entre los dos, encarando la carretera de la Bordeta, no se debiese tanto a la presencia en verbo del vórtice donde mi persona se encontraba sino, tal vez, ahora me doy cuenta, a otro tipo de tensión ejercida entre nuestros seres no tanto molde o forma de nuestras voluntades como presencia o manifestación de la energía danzando en el pulso de nuestros chakras, ¿quizás una kundalini libidinosa se contorneaba de prana, ki y elán entre nuestros vórtices enérgeticos, siete en la vertical que representaba mi esqueleto pasando a la altura de la calle Juegos florales y siete en la vertical que representaba tu esqueleto pasando a la altura de Can Batlló? Ehhh… no sé, en cualquier caso, a mí me pareció como si la textura aleph (en el sentido borgiano del término, “¡un aleph bajo la escalera!”) del mentado vórtice fraguara entre tú y yo una aparición, que no manifestación, solamente mera aparición de ese conjunto infinito de cuyas partes se intenta enumerar al completo y resulta imposible. No sé si te acordarás aquél día, me regalaste el cuaderno rojo. Había escrito en la primera hoja: “¿queda algo nuevo bajo el sol?”. Entonces, me diste el paquete prohibiéndome abrirlo en tu presencia. Corriste Riera Blanca arriba, yo me quedé quieto bajo el puente del ferrocarril, consciente de que acababas de fornicarte a mi alma inseminándola de literatura.

Le dedico esta novelita al roble que tú sabes…

No se hable más, tomo el hueso de melocotón, extrayéndolo con mimo del papelote que lo porta, lo sumerjo en abundante agua, le preparo una cunita húmeda pero no sumergida. Y, nada, eso, a esperar que se reblandezca la cáscara de la semilla… no acompañé a ninguna madre y a su hijo, pero, no se diga, escribo libro y planto árbol.

¿Cómo podemos esperar de la escuela una correcta información científica cuando aún hoy, en muchos manuales y libros incluso respetables, se lee que antes de Cristóbal Colón la gente creía que la Tierra era plana, mientras que se trata de una falsedad histórica, puesto que ya los griegos antiguos lo sabían, e incluso los doctos de Salamanca que se oponían al viaje de Colón, sencillamente porque habían hecho cálculos más exactos que los suyos sobre la dimensión real del planeta? Y, sin embargo, una de las misiones del sabio, además de la investigación seria, es también la divulgación iluminada.

Un juego de ensayo de error, un método de aprendizaje, en la seriedad curiosa con la que juegan los niños forma un plano paralelo pero superpuesto a un equipo de cirujía interviniendo en el quirófano. Y, sin embargo, se parecen.

Que en el laboratorio se halle cualquier caso o cosa inconveniente para los intereses de sus propietarios, o que en el palco de oratoria se hable cualquier caso o cosa inconveniente para los intereses de los varones de la jauría, causa que los libros de ciencia ignoren el hallazgo o que el orador de con sus huesos en prisión.

No confundir “libertad de expresión” con “libertad de empresa”. Ni confundir “estado laico” con “libertad de culto”. Habrían de confundirse en el plano ideal, pero en la práctica, por el momento, no se confunden.

Ya sabes, por imagología, si se tiene que imponer una imagen no mágica de la realidad, no debieran esperarla de los medios de comunicación, deben ser ustedes quienes la construyan poco a poco en la conciencia colectiva, partiendo de los más jóvenes.

Por lo general los científicos guardan para el final de sus documentos un apéndice o addenda a modo de conclusiones. La resolución del texto para concluirlo. ¿Qué son tristeza y alegría sino depresión y trascendencia? ¿Acaso la alegría no es capaz de traernos las carcajadas, disparándonos con un cañonazo al monigote o muñeco de trapo que llamamos ego, como bala humana, al multiverso abrazo del cielo, extensión o atfmósfera que llamamos eco? Y, pues, ¿la depresión no se entiende bien, al revés, un ego se traga, devora, arrasa todo su cielo, se zampa cachito a cachito su atmosfera y, disolviéndose, se asfixia? En conclusión, amiguitos, mi fórmula magistral, mi magna ecuación es: trascienda usted para ser feliz. Egotíce para deprimir la felicidad que se haya elevado. Inspire y egoique, expire y ecoique.

Al final, el laboratorio y la celda de prisión, en la ciencia y en la política, son dos lugares absolutamente apartados de todo. Sin duda, quienes en ellos obran, obran de estados de conciencia distintos a quienes habitan la cotidiana rutina del país e sus ciudades, pueblos, urbanizaciones y asentamientos más o menos autónomos y atemporales.

Antes, cuando solo en un cuarto, uno podía argumentar: estoy orano o estoy escribiéndole una carta a tal o a cual. Ahora, cuando solo en un cuarto, uno puede argumentar, estamos aquí debatiendo unos cuantos sobre lo humano y lo divino. Según lo dispuesto en el reglamento O.N.U. si de algún modo tu soledad, a día de hoy, permanece ocupada por el agente colonizador, puedes reclamar la liberación. Hace más de cincuenta años, Naciones Unidas ha dictado infinitas resoluciones para acabar con la situación de los territorios no autónomos —a los que da tres opciones: la libre asociación, la independencia o la integración con otro estado—. En 1960, la Asamblea General aprobó la ‘Declaración sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales’, en la que se afirma que todos tienen derecho a la libre determinación —excepto aquéllos en los que no se reconoce una población previa, como Malvinas y Gibraltar— y se proclama la necesidad de poner fin «rápida e incondicionalmente» al colonialismo. Sea por tanto vuestra decisión como colonia escoger una de tres vías de liberación o permanecer colonizada.

Antes, cuando uno estaba en una celda, preso, apenas si podía soñar. Hoy en día, habidas las representaciones técnicas que la humanidad se ha venido haciendo del mundo, para el hombre posmoderno, que ha visto en vídeos, en fotografías, en representaciones y en dibujos hasta el último confín del mundo conocido, habiendo visto con los ojos la imagen de un corazón latiendo o de una microcámara filmando a través del intestino grueso, habien visto las construcciones del metraje captado por potentísimos telescopio de astronomia de unos quasares como línea del horizonte conocido, cuando al hombre de hoy le encierran y sueña, su soñar puede significar poco menos que la realidad contante y sonante. La idea de estar o no preso encrudece, da rigor, o cimienta el soñar. El hecho de que topos y presos políticos solidifiquen su soñar debería servir al hombre libre de referencia, de prueba, de bastión en la posibilidad de construir el sueño a modo y semejanza de la realidad.

Pintada en la calle: Dile al Biopoder que tema al hombre posmoderno de hoy enfrascado a solas con sus sueños. La materia onírica produce menos monstruos que hipocrénides. Anonymous, we study, we learn the rules, enjoy your self, while you are still on the pink, it’s later than you think: ¡ataraxia freak!

Lo importante, claro, lo diferente, cumpleaños feliz, es el trocito de tierra. ¿Qué te voy a contar? Si estuviste y viste, no hay más. Si no: lo nuestro es pasar. Tengo una gorra nueva. Y quería estrenar el escritorio. Necesito un cuaderno nuevo. Como es en la mar, es en el mar.

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