Si bien la Arpanet fue parida en círculos de guerra, pronto fue replicada en la cosa pública. Internet es la idea engendrada en el contexto de aquella gran guerra y la necesidad de producir tecnológicamente maquinaria bélica. El mamífero bípedo noosférico pálido usaba su pulgar oponible y su córtex para fabricar armamento a niveles industriales capaces de destruir no únicamente a cualquier enemigo, sino también a sí mismos y al propio planeta Tierra. De igual modo, paradójicamente, también capaz de crear armamento selectivo capaz de arrasar o erradicar una cierta capa de la realidad. Armas de destrucción total selectivas. Mucha paradoja. Energías de fisión y crudo negro enterrado en las entrañas de la corteza terrestre fruto orgánico de la existencia biosférica evolutiva.

Resulta narrable la aventura a finales de la primera mitad del siglo pasado en que una de las potencias dominantes del planeta, la de los mamíferos bípedos noosféricos caucásicos centro-europeos se obstina en el propósito de hacer del planeta Tierra la cuna del homo ultrasapiens como mejor (en el sentido de belleza o perfección) expresión de un mamífero bípedo noosférico. Ya una criatura nueva, otro filo más allá, un cambio o salto de esos que hacen los electrones cuando se los observa de muy de cerca mediante instrumentos de medición científica. El concepto de error de esta Triple entente eje europeo potencia mundial dominante fue buscar el Santo Grial en su forma concreta, material, empírica, positiva. Buscaban una raza única en lo biosférico en lugar de buscar (buscar en el sentido de recoger los frutos de árboles vividos en nuestros ancestros) una única raza en lo noosférico. Unidad de conciencia no de cuerpo. Fue un error. Graso error tratar de erradicar lo no puro, vía eugenética, en lugar de tomar la totalidad como lo puro. En resistencia, los Aliados propugnaban una abstracción del problema en la forma de sistemas (ora capitalista basado en el capital o relación económica ora comunista basado en la comunidad o relación social), valga decir, un único sistema o mercado, un único sistema o partido. Con evidencia, presentaron más fuerte combate y ganaron la guerra. Siendo histórico el suicidio en el búnquer de Berlín del cesar del Tercer Reich.

Es una pena porque en esa victoria de los Aliados, y su tercera gran guerra, llamémosla fría, se quedó fuera del curso de la historia la posibilidad esotérica y perenne o exotérica y mística que la Triple Entente había abanderado y suponía el colofón de una alumbramiento ilustrado tras una gran oscuridad medieval de edad de tinieblas. El hombre moderno, como representación encarnada de la laya humana indo-iraní, portando con trabajosa dificultad una luz, muchas veces haciendo verdaderos esfuerzos para que el torrente de viento del tiempo no la apague, hubiera podido cumplir su sueño de unicidad humana despojándose de la relatividad en la diversidad, afianzándose en la totalidad material positiva empírica. Y las cuatro o cinco etnias planetarias habrían quedado hilvanadas en una misma historia que narra el engarce progresivo en lo colectivo, en lo global, en lo mundial de las colectividades terrestres derivadas del homínido bípedo que bajó de los árboles. En cualquier caso, el sistema había matado a Dios (Nietzsche) e iba a matar al hombre (Foucault). Ya fuera el mercado único o la comunidad socialista aquello pautado que rigiera la convivencia de los pueblos del mundo, ya seguro no sería la unión mística y perenne entre lo esotérico de una filogenética evolucionista y lo exotérico de una ciudad de Dios o comunidad de los hombres trascendente asediada hasta el suicidio en la capital alemana.

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