Agarrando del acerbo moderno un cabo pedagógico-racionalista… decíamos ayer que una “historia real” es, por definición, un segmento de otra historia que la engloba y desde donde nacen los mundos y personajes de su trama. Porque si la historia es creada desde la nada, y no participa de la historia enredo global, si es ex-nihilo, entonces, se dice, no es real, es irreal.

Y, decíamos, que contar “la historia de todas las historias” es como enumerar uno a uno los infinitos elementos de cualquiera de los aleph-n. Si la historia donde se cuentan todas las historias es la historia que llamamos Realidad, contar la realidad es contar infinitos. Baste que una historia no tenga un extremo para que cuente un infinito. Si le falta un extremo quiere decir que por ese punto no se acaba. Sin duda, la Realidad, la historia de todo lo que ha pasado desde que empezó a pasar el tiempo, no ha terminado. Es una historia de generaciones. Una historia filogenética, que quiere decir que es la que es, fue la que fue y será la que será; y que tiene forma de bosque.

En subconjunto, las historias escritas son segmentos de un enredo, ordenado quizás, de palabra, verdad, de sistema. La idea es que solamente los mamíferos bípedos noosféricos homo sapiens saben y pueden escribir. Por eso, la historia que comienza a partir de los primeros textos escritos que se conservan, el Libro, a pesar de sus pretensiones universalistas, supone mero una historia segmento de la historia de la realidad.

Las Iglesias que se hayan levantado en base a las primeras historias escritas no gozan de legitimidad universal alguna; son, como el resto, cuentos como otras historias no escritas, solamente contadas, transcurridas enredadas con la historia de la realidad pero sin que ningún escritor las haya escrito, que cuentan otras versiones de los orígenes, del génesis del lugar y el momento, y se conjugan por igual segmentos de la misma narración de la historia que las escritas en el Libro. Es a todas luces particular del hombre moderno la querencia por una versión del relato muy asentada hasta la saciedad imperialista o fundamentalista; sin embargo, gran cantidad de posmodernos gustan de sentarse alrededor del fuego en un manto de silencio selenita para escuchar otros relatos. Creo. Gustan los posmodernos de encontar los mismos arquetipos y los mismos signos entre las ropas étnicas del otro lado del globo.

Si uno quiere presentarse un poco honesto a la hora de charlar de lo divino y lo humano no debe posicionarse cerril en punto de vista meso, antropomorfo. Mínimo tiene que echarle hilos al tiempo para trazas hitos que no tienen por qué reunirse cronológicamente en un solo eje tendido al sesgo pero que sí, sin duda, nos viene flotando al paso desapareciendo como una estela, un rastro o un recuerdo. Sueños, recuerdos y pensamientos, cito el título de un libro de Jung. como quién enumera la terna primaria de la generación de nuestra paleta de colores: rojo, azul, amarillo. Pues es así que una gran cadena perenne de tradición viene abundándose a eslabones a través de los siglos, desde que el mamífero bípedo salió de su estadio filogenético «panhomo» y se convirtió en teosférico haciendo maravillas en la teletransportación de memes y femes. Al tiempo que evolucionaba el filo a «homopan», lo homínido predominando sobre lo relacionado con el resto de mamíferos, aves y sauros, y el tamaño en centímetros cúbicos de la cavidad craenal. La semilla germinal de la evolución de la conciencia humana acontece en ese cambio de fulcro, cuando en el mamífero bípedo comienza a predominar lo homo sobre lo pan. Antes de ahí no concibo yo la existencia de ninguna matriz y por ende de ningún Aleph más allá del juego autopoiético a nivel molecular en la gestación de los primeros organismos pluricelulares. Tema que excede con mucho el alcance del presento texto.

En la historia de la realidad, el punto de vista se convierte en crucial. Tanto que según el punto de vista, el cuento cambia de forma y, más increíble, de esencia. El color del cristal, blanco, amarillo, rojo, negro presenta una versión distinta de la misma realidad. Así se muestra que cualquiera de los relatos particulares que pretenda un origen como que el principio fue un punto único, fijo, concreto, a mi modo de ver peca de chato; un huevo o una gallina, o una tortuga sobre otra sobre otra sobre otra que sotiene un elefante. Aquellos relatos que dicen: al principio fue la luz, por ejemplo, me parecen más realistas. Un principio como haz. Por eso la teoría del Big Bang me parece chata y la teoría artesana de un Dios todopoderoso moldeador del barro me parece más plausible. Me explico, me parece más fácil una red de principios que se abrieron al devenir o un ser exterior a mi dimensión de existencia que moldea un boceto de mi ser y lo arroja a la evolución que cualquier explosión única localizada precisamente en un punto de espacio-tiempo inicio del universo. Al fin y al cabo, mientras estuve dentro del vientre de mi madre, un ser exterior a mi dimensión me estaba moldeando boceto. Todo lo que ha pasado desde que su cañón uterino me disparó al globo terráqueo, en especial todo el conocimiento almacenado en los confines de mi memoria fuera aparte, únicamente sueños y pensamientos, ningún recuerdo, conservo de aquella trayectoria de embarazo. Unos sueños y unos pensamientos divinos que me permiten ver, rayos x, a través de la piel de una mujer embarazada al cigoto, al embrión y al bebé; tres que son uno y son yo esparcido a lo largo del tiempo. Un tiempo que no nesariamente ha fluctuado en secuencia de a uno o secuencia de a nomon cronológicamente hasta fastigio hoy día en que te escribo, amada esposa y madre que nunca acompañé e hijo, lector, sino que, insisto: por más de una década detenido en un vórtice, Kronos comparte gestación de tiempos con Kairós y Aeón y más otros arquetipos del tiempo…

Y, eso compartimos los diferentes superorganismos que habitamos el planeta: distintas realidades enredadas en el mismo escenario, en el mismo pasar. Cuatro segundos para un universo suponen cinco mil millones de años para un sistema planetario… la realidad discurre convulsa en numerosas escalas espacio temporales. Holones. Menos mal que la sociedad cierra la clase en un mesomundo vívamente situado en el centro.

Dicho lo dicho, en general, resultaría vano el intento de contar la historia de la realidad contando todas sus historias. Pero no por ello aquí se renuncia a contar la realidad. La memoria es asunto de todos; aunque los vencedores acaparen los recuerdos nodo. Es a salto de transfinito que las series infinitas de Aleph-n sostienen el recuerdo de la realidad. Cadena perenne. Y, en lo particular, según y conforme mi opinión de mamífero bípedo noosférico occidental, tras tres despertares, despertar de la sociedad del espectáculo, despertar del sueño dogmático, despertar al sueño trascendente, uno ya puede dormirse plenamente y ensoñar líricamente la historia que todo el mundo tiene que contar: la suya.

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