Por mucho mentar la matriz o el Aleph así por lo groso modo no se consigue retener un ápice entre las manos. Agua chorrea. La enumeración uno a uno de los elementos de un conjunto infinito no es que sea imposible pero si mucho demora en el tiempo. Tomados uno a uno, se escucha al poeta cantar, no somos nada, la humanidad es como polvo, de uno a uno somos nada. Si la memoria tuya es de perenne como dibujar signos en la arena de la playa que la marea va borrando a lengüetazos entonces poca juntura, engarce o religue puedes hacer con una cierta cadena perenne que viene apelmazándose en los pliegues de una espiral de conciencia humana evolucionando.

Muy importante el tema de la playa. Crucial conocimiento del terreno adentrarse tierra adentro, alejarse de la arena donde todo es efímero, selenita y pasajero. Los mensajes para que perduren deben ararse en el interior, deben sembrarse en suelo húmedo pero no sumergido. Siempre claro sin desemerecer lo presente excepciones como la del arroz que se cultiva a más de un palmo bajo la superficie.

Y pues que lo interesante de ponerse en modo código es codificar claro. Fibras esenciales, quizás unos registros akásicos o una red crística o una indra o un ecositema de LDAP’s interconectados a través de backbones transoceánicos. Si bien todo el mundo sabe de modernismo, a día de hoy, al pie de la presente, de lo que viene después del positivismo empírico generador de sistemas nadie sabe; y muchos hablan al viento su propio relato entre un mundo que desaparece y otro que se va quedando. Quiero decir que, que la materia tan relativa, tan poco absoluta ya, ¡tanta luz como paquete de información!, ya llegó (abuelo Dalí) el A.D.N. al dedo pulgar del homínido capaz de dominar el fuego y de fabricarse herramientas; manipulación del código genético expertamente reglado en un contexto de eugenesia. En rigor, lector, esposa y madre a quien nunca acompañé e hijo suyo, manipulación debería reescribirse como maquinación. Todo proceso productivo a esos niveles de alta tecnología va con máquinas muy precisas y sofisticadas.

Hombre moderno u hombre posmoderno, me parece, por mucho se discuta la forma o la continuidad del espacio-tiempo, nadie discute una cierta pila de ejecución donde el código que va entrando primero va siendo ejecutado. Un cierto motor de actualidad que representa la cabeza del lector de líneas de código interpretado que entrega al compilador para que compile las líneas de código ejecutable. El cabezal que mueve el día en el calendario y el nombre de la persona en el santoral. Cosa probable que hayan varios cabezales procesando código y si no pueda aquí referirse un mapa lingüístico de la Aldea Global geolocalizando las diversas zonas de expresión por idiomas que al menos, en un mundo entrando en multipolaridad predominante oriental, que hayan varios cabezales activos en la faz del planeta tierra. Y en números absolutos, uno por ser pensante, uno por cada organismo noosférico. Un cabezal por mónada soberana.

El lugar para ambientar las bondades y particularidades de codificar no sería este. Se vive. Algunos dirán que espontáneamente sobre la cresta de una ola y otros dirán que muy sistemáticamente programados. Se vive. Baste derribar mero de mención la impostura de un código computacional o informático o virtual o cibernético que unicamente produce bots. Se programa con las bases del A.D.N. y se programa neurolingüísticamente. Allà cada cual cómo se sitúa en la transversalidad del espacio-tiempo ante las diferentes brechas culturales que las diferentes revoluciones humanas van generando, desde el primer bistec asado en un fuego controlado que un homínido haya probado hasta la última transmisión 4G que algún satélite haya llovido sobre la atmósfera de nuestro planeta. La cuestión de ceñirse a los tiempos en los que el trabajador, el cliente y el ciudadano son la misma víctima a la que los bancos en primera instancia pero no en solitario manipulan en un sistema global de economía-mundo. Donde digo manipulan digo gobiernan.

Anuncios