• Observatorio F.A.R.O.

«Primera encuesta del observatorio (apócrifo) estadístico y demoscópico F.A.R.O.»

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Me parece –escribe Lewis en la introducción a sus libro Los hijos de Sánchez, 1964– que la cultura de la pobreza tiene algunas características universales que trascienden las diferencias regionales, rurales-urbanas y hasta nacionales. En mi anterior libro, Antropología de la pobreza (Fondo de Cultura Económica, 1961), sugerí que existían notables semejanzas en la estructura familiar, en las relaciones interpersonales, en las orientaciones temporales, en los sistemas de valores, en los patrones de gasto y en el sentido de comunidad en las colonias de la clase media en Londres, Glasgow, París, Harlem y en la ciudad de México. Aunque éste no es el lugar de hacer un análisis comparativo extenso de la cultura de la pobreza, me gustaría elaborar algunos de estos rasgos y otros más, a fin de presentar un modelo conceptual provisional de esta cultura, basado principalmente en mis materiales mexicanos.

En México la cultura de la pobreza incluye por lo menos la tercera parte, ubicada en la parte más baja de la escala, de la población rural y urbana. Esta población se caracteriza por una tasa de mortalidad relativamente más alta, una expectativa de vida menor, una proporción mayor de individuos en los grupos de edad más jóvenes y, debido al trabajo infantil y femenil, por una proporción más alta en la fuerza trabajadora.

Algunos de esos índices son más altos en las colonias pobres o en las secciones pobres de la ciudad de México que en la parte rural del país considerado en su conjunto. La cultura de la pobreza en México es una cultura provincial y orientada localmente. Sus miembros sólo están parcialmente integrados en las instituciones nacionales y son gente marginal aun cuando vivan en el corazón de una gran ciudad.

En la ciudad de México, por ejemplo, la mayor parte de los pobres tienen un muy bajo nivel de educación y de alfabetismo, no pertenecen a sindicatos obreros, no son miembros de un partido político, no participan de la atención médica, de los servicios de maternidad ni de ancianidad que imparte la agencia nacional de bienestar conocida como Seguro Social, y hacen muy poco uso de los bancos, los hospitales, los grandes almacenes, los museos, las galerías artísticas y los aeropuertos de la ciudad.

Los rasgos económicos más característicos de la cultura de la pobreza incluyen la lucha  constante por la vida, periodos de desocupación y de subocupación, bajos salarios, una diversidad de ocupaciones no calificadas, trabajo infantil, ausencia de ahorros, una escasez crónica de dinero en efectivo, ausencia de reservas alimenticias en casa, el sistema de hacer compras frecuentes de pequeñas cantidades de productos alimenticios muchas veces al día a medida que se necesitan, el empeñar prendas personales, el pedir prestado a prestamistas locales a tasas usurarias de interés, servicios crediticios espontáneos e informales (tandas) organizados por vecinos, y el uso de ropas y muebles de segunda mano.

Algunas de las características sociales y psicológicas incluyen el vivir incómodos y apretados, falta de vida privada, sentido gregario, una alta incidencia de alcoholismo, el recurso frecuente a la violencia al zanjar dificultades, uso frecuente de la violencia física en la formación de los niños, el golpear a la esposa, temprana iniciación en la vida sexual, uniones libres o matrimonios no legalizados, una incidencia relativamente alta de abandono de madres e hijos, una tendencia hacia las familias centradas en la madre y un conocimiento mucho más amplio de los parientes maternales, predominio de la familia nuclear, una fuerte predisposición al autoritarismo y una gran insistencia en la solidaridad familiar, ideal que raras veces se alcanza. Otros rasgos incluyen una fuerte orientación hacia el tiempo presente con relativamente poca capacidad de posponer sus deseos y de planear para el futuro, un sentimiento de resignación y de fatalismo basado en las realidades de la difícil situación de su vida, una creencia en la superioridad masculina que alcanza su cristalización en el machismo, o sea el culto de la masculinidad, un correspondiente complejo de mártires entre las mujeres y, finalmente, una gran tolerancia hacia la patología psicológica de todas clases.

Algunos de los rasgos arriba enunciados no están limitados a la cultura de la pobreza en México, sino que también se encuentran entre las clases medias y superiores. Sin embargo, es la modelación peculiar de estos rasgos lo que define la cultura de la pobreza. Por ejemplo, en la clase media, el machismo se expresa en términos de hazañas sexuales y en forma del complejo de Don Juan, en tanto que en la clase baja se expresa en términos de heroísmo y de falta de temor físico. De manera similar, entre la clase media la ingestión de bebidas alcohólicas es una afabilidad social, en tanto que entre la clase baja el emborracharse tiene funciones múltiples y diferentes: olvidar los problemas propios, demostrar la capacidad de beber, acumular suficiente confianza para hacer frente a las difíciles situaciones de la vida.

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Cuando rayé la adolescencia mi vida dejó de ser muy merecida de ser vivida. Antes no, en mi infancia fui pura esponja y acabé educando en el tiempo libre tal y como conmigo habían hecho: canciones, juegos, talleres, campamentos, trobadas, etc… Mis mejores años fueron para la búsqueda. Hasta que todo se tornó un laberinto. Estaba asustado, mi vida iba en ello, pero al fin, ya dentro, alcancé un momento en el que predominaba la transparencia y la calma sobre la turbulencia y la opacidad. Y allí, en aquel remanso en la tormenta, apareció ella.

Seguido sucedieron el encuentro, la ceremonia y la partida portando en la mano izquierda el nuevo hilo y en la derecha mi vieja espada.

Desde entonces cada poco, cada día o a cada paso, una señal, nítida u obscura, me reafirma la senda. Es así. Ir agarrado a un hilo de oro en cuyo extremo Ariadna aguarda simbolizando el exterior, la salida, es alita de mosca.

Aprendí a llorar por ella, y así aprendí también a defenderla

¿Defenderla de qué o de quién?
¡Buena pregunta Odrallagorgen! Pero cállate ahora que estoy escribiendo su historia.

… defenderla del tiempo, del olvido, del romperse de la memoria. Nadie evita la paliza por salir corriendo, puedes pensar que es mentira, todo ocurre lejos…

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Boletín Enero 2015 Catálogo editorial E-Artes

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