Aprovecho el peso de la actualidad sobre mis letras para arrancar este capítulo aportando, directamente y casi sin filtros, casi como descripción, la transcripción de un panfleto que me han entregado cuando llegué esta mañana a la barbacoa a que me invitó el encargado del material online de la no-nata editorial e-Artesanía. Para emular a Bolaño, hubiera querido comenzar mi texto anunciando, y pavoneándome sin ornamento, de que he sido invitado a participar del club de los real visceralistas. Pero, no. He tenido que construir, de hipertexto, un club al que pertenecer. Sin ceremonia. Estoy solo, no quisiera que fuera así, no creo que sea mejor así, espero que los hilos de tiempo que se inauguran acojan y vertebren encuentros con hackers de aquende y allende los mares distribuidos de incompletitud diferencial:

Inauguración del quitter/@AcebuchesLab como

laboratorio o espacio de hacking virtual dentro de

la Facultad de Libidosíntesis de los Acebuches del Tartesos.

 

Plantear una novela titulada “homini criptographicus” y cruzar el capítulo sexto sin, ¡mínimo!, citarlo, sustantivamente, al menos una primera vez, puede rallar lo descortés. Y, sin embargo, la cualidad primera de esta especie dentro de los himínidos estriba, justamente, en esa ausencia de información del centro, de lo aquéllo implícito, de lo de adentro, por mucho que se obtiene en totalidad, en continuidad panorámica, visión, siempre observable, del exterior. Así se presenta este homínido: visible pero inescrutable.

En cualquier caso, se pretende evidenciar que la idea de pasar los días pendiente de la luz del Fulcro Arcadiano de Resiliencia Ontológica, estos cinco primeros capítulos para su escritor han supuesto un lustro, han enhebrado una guarda para realizar con éxito esa tarea que tenía encomendada cuando se inició esta escritura. Sabíamos que no podíamos alejarnos mucho de la Literatura. Pero también sabíamos que la posmodernidad estaba acechando en el futuro, como horizonte de sucesos, para tragarse todo intento de continuar fabricando relato con los arquetipos modernos. Y, pues, sepa el lector que a día de hoy, veintitrés de abril de dos mil dieciséis, tengo el gusto de anunciar y forjar en este libro que escribo desde el recién estrenado archivo virtual Ataraxia. Que un escritor escriba en su novela que escribe desde una ubicación virtual a la que el lector, en tiempo real, puede acceder, sépase, y, reconózcasele a esta novela calidad de hipertexto y, Quijote atrás, construyan, de piedra, nuevos escalones para nuevos fulcros en la línea histórica de Literatura, (claro, más en sintonía con el diccionario de María Moliner que con los de la R.A.E.; más a la praxis del uso que a la intelección de la norma), escalones, digo, donde nuevos taxones o topos puedan abrirse al ensayo y la interacción de los literatos. Verbigracia, para esta novela, y por no ponerme aristotélico y andarme buscando la correcta ubicación de este tipo de escribir en este tipo de lugar y en este tipo de tiempo (que cuestiona si el tiempo web también entra en el tiempo illud tempus o si ofrece puentes y convulso y anfibológico engarza también un tiempo atómico en lo pequeño y un tiempo efeméride en lo grande; ¿Son las historias que se viven en línea trayectorias que discurren dentro del dominio temporal del illud tempus o estas se sincronizan simultáneas entrelazadas o supuerpuestas en una dualidad entre discurrir como flujo semántico en la web 3.0 y/o aparecer personalizados individualmente en un avatar o en un nick o en un perfil dentro de una red de web 2.0?), digamos, por ello, antes que nos digan, mejor anticipar, táctica de spin-doctor, nombrar antes de que nombren, nombraría, yo, novela hipertextual kukuísta.

Así contextualizados, el arrebato individual se frena y planta en pleno territorio de la creación. El bosque es enorme y yo me dispongo a crear otra novela hipertexual kukuísta. Si será la primera no puedo decirlo con certeza distinguiendo entre el material que la contiene lo que me es propio de lo que es reflejo de otras novelas e hilos de literatura en los que me sumerjo durante las semanas que dura esta escritura. El cielo literario web está atiborrándose y atiborrado en todo el calor y goce que pueda alojarse en atiborrar, repleto de letras distintas a veces pero otras exactas de las que están impresas en los archivos y bibliotecas. Enmedio, claro, la novela hipertextual kukuísta que es un tipo de escritura que nace y muerte entre la brecha digital y la linde del alfabetismo lingüístico. Un texto que surca un mar de hipertexto donde peces alfabéticos nadan junto a mamíferos web. ¿No me dirán que comparar, por ejemplo, con homeomorfía, desde el topos del mar hasta el topos de la web, un foro como forocoches.com no está bien traído  analogarlo con una gran ballena blanca? ¿Acaso Facebook no es un banco de sardinas que se mueve síncrono a través del BigData market donde tiburones que zampan colecciones de datos comen a sus anchas?  ¿Acaso google no es plancton que, casi invisible, compone el líquido de la red? etc…

Fue en la escritura moderna que el hombre salía del agua y cambiaba las pesadas columnas de agua sobre sus hombros se erguía al aire, bípedo y con la espalda recta, pulgar oponible, etc.

Tampoco quiero perder tiempo explicando qué vertebra una novela hipertextual kukuísta y en qué manera se deriva de la novela hipertextual si acaso es evidente que esta se distingue y con ello integra en el género de las novela porque dentro de su cuerpo de significantes aparece texto enlazado o hipervínculo. El ensayo que lees, lector, pretende ensayar sobre la sociedad civil como un entramado de puntos enlazados, en la nuevas formas de emancipación tras la revolución digital del tercer milenio gregoriano. Decimos: todo el hielo del mundo no puede matar una idea. Como fuera, la gracia de una novela es que las páginas que preceden y las que vendrán arropan una sensación discreta de mónada aislada solitaria desconectada suelta. Si bien se comprende su esencia virtual, supone una cristalización en el cuerpo de este texto que, sin embargo, presentarlo, describírtelo:

Mediante arquetipos pueden expresarse unas trayectorias personales y, sin embargo, en la medida que esa persona ha vivido una variación, una semejanza, una encarnación, un instancia del arquetipo, el relato no fastidia esa cualidad criptomorfe.

Al final, dotando de cuerpo la corteza, describiendo el muro, localizando en el mapa la cáscara de ese homínido, personalizado en esta novela, desde el F.A.R.O. se trazado una línea germinal que establece eje primero para una cierta escena donde desarrollar la acción de esta novela. Si bien en los cinco capítulos anteriores se ha bosquejado un paradigma desde donde, por común, Aldea Global, se parte, desde estos párrafos se penetra en otro paradigma. Por supuesto, este cambio de paradigma busca acomodar el relato de esta novela justo allí donde el “homini criptographicus” más en su salsa se encuentra y, por ello, el lector como observador de esta escritura, mejor puede apreciarlo para captar qué y cuál es el concepto del cual nos preocupamos y cuya etología queremos registrar blanco sobre negro o, por supuesto, también digital, magnético: polo positivo junto a polo negativo. La consustancialidad de un espacio virtual como LaKurrealidad, la posibilidad de que el claustro de la F.L.A.T. por reunirse virtualmente, a través de P2P o de comunicación centralizada, y no quedar nunca presencialmente, quizás la posibilidad de que no estén existiendo sea demasiado alta. El espacio de illud tempus, como selva donde las cultura guardan sus arquetipos siempre será capaz de acogerle a cada generación la revisión de los valores perennes que se han encadenado hasta la época.

Con interés de significar o de remarcar los bordes, de rebordear este perfil criptomorfe tomamos la dimensión referida como “cuarta pared” dentro de la terminología de las escénicas y ofrecemos un rumbo futurista al cubismo de esta novela. ¿Cómo? Si bien el espectador, o lector, puede interactuar con la escena de la novela, en tanto que la escena de la novela es un campus universitario donde hay cuatro edificios, a saber: a) un almacén, b) un paraninfo, c) un escenario, d) un laboratorio, pero, sobre todo, se insiste, se trata de un mero escenario donde poder albergar una cantidad suficiente de hominis criptographicus, al menos, teóricamente, significante como para afirmar campo de estudio:

Para acabar este capítulo, sumándome a ese arreciar popular en la diseminación en las redes de las llamadas armas de construcción masiva, en clara alusión hippie al no a la bomba nuclear de mediados del siglo pasado, presentar un prototipo en el que trabajaré los próximos meses. Se trata de un simple plugin para gnustatus.net; el objetivo es integrar tres nodos que ofrecen tres valores distintos al número máximo de letras que puedes usar en cada mensaje:

Además, por su naturaleza, idea de un arma de construcción masiva, en sintonía con el homini criptographicus, de las tres redes, nada más quitter.se reporta a @f_a_r_o_ y la relación fuera y dentro queda construida desde lo más profundo y complejo que es quitter.es, pasando por grados medios hasta la superficie imagológica mainstream, desde donde la experimentación que destila primero en concepto y luego clave se arroja como salida de la nada, dentro de un tiempo contexto imagológico de actualidad, canto de pájaro.

Estructurando las sesiones virtuales de unos hipotéticos #fridayChurch y #saturdayBarbecue, que serían encuentros online entorno a un hashtab en unos días y a unos horarios pactados, separando tres salas según la dimensión del texto, abriendo así tres líneas paralelas: claves, conceptos y experimento.

Sin duda alguna, la literatura ofrece un hilo para soltar la unicidad y tomar los vericuetos que Leibniz, Spinosa o Deleuze pintaron en retazos de sofía abordando esa des-constitución de la sustancia para relacionar infinitesimales cantidades mínimas tales que ellas solan logren hacer cambiar a un conjunto determinado que se compone de muchas otras cantidades de esas. Fragmentar, analíticamente una totalidad para considerar no tanto su desaparición sino como su potencia en tanto que posibilidad de adoptar una forma concreta, no tanto su desaparición sino como su variación en el tiempo intercambiando ciertos estados ninguno de los cuales hegemoniza patognómico.

En este sentido, cuando el filósofo sostiene el infinito, cuando el científico demarca el caos, cuando el artista abre una ventana con horizonte, la individualidad en la academia formal del s. XVIII, norte de Europa, se descompuso. La modernidad, sobre todo en su decadencia, sobreabundó al respecto. No me entretengo. Me obliga la voluntad de estilo para encajarme (tras el manifiesto kukísta) en el se sigue de unas técnicas de hipertexto kukuístas; buscando entonces explicar la descomposición de la unidad a través del siglo XIX, al sesgo de la contingencia de las dos Guerras Mundiales, arreciando  la visión cuántica y personalizando, digo, en la web como matriz final efecto de la red de hipervínculos entre puntos, personalizando en el acebuchesLab, puntos que son usuarios en nodos gnu-status: la primera implementación fue ARPANET. Lo que hoy es Internet. Internet es una red distribuida de servidores y en consecuencia la red de nodos de gnusocial es también distribuida. En momentos como la suscripción a un ISP o cuando un punto delega toda su comunicación a un único canal, desaparece la distribución y, por tanto, de regreso diferencial, la unidad, de nuevo, se constituye.

Este baile, entre la unicidad y la continuidad evanescente, entre lo finito particular de nuestras trayectorias vitales y las veces que nos disfrazamos con un arquetipo y representamos su papel, compone, para el homini criptographicus que conoce y reconoce y mantiene y protege y establece una línea de jurisdicción que recorre la epidermis de su cuerpo y la piel de su huella en la red separando y reservándose todo derecho sobre lo que aquende ocurra. Esto de que las soledades últimas de un punto cualquiera de la red contengan en su memoria copias y réplicas que se encuentran multiplicadas simultáneamente en miles de otros discos hace de los escritos verdaderamente genuinos causa y motor de creación. Si realmente en algún punto de la red, algún homini criptographicus atesora material puramente genuino o todo siempre es materia que se transforma sin crearse o destruirse constituye una paradoja de la información que junto con los siete problemas del milenio aguardan respuesta.

Cuando tenía veinte años casi nunca quería morir en mis relatos. La egografía animaba las páginas a medida que avanzaba en la confección de la novela. Frecuentemente acababa exhausto y no podía entregar el libro porque nunca le ponía final. Todos los libros que he escrito con menos de treinta y cinco años son inicios y nudos. Sin desenlace.

Normalmente, sobre lo aprendido, uno progresa, consiguiendo, sobre la iteración, tras la senda, estallidos de alteración telepática o entrelazada cuánticamente donde un mapa del territorio está cerrado y separa dos mundos entre lo representado y el dibujo de la representación, pienso, y por ello llamar con nombre a un homini criptographicus capaz de sostener este aprendizaje, este progreso y conseguir esta chispa para transformar el mundo. Es un hacklab virtual, a tal efecto: personalizando el arquetipo: quitter@acebuchesLab, un lugar donde ese baile pueda bailarse cómodamente, adecuadamente, idóneamente.

Justo por eso no me entretengo en defender la existencia de una cierta chispa, ni me paro a contextualizar un cierto proceso de aprendizaje y progreso, puesto que la modernidad abundó largo y amplio sobre modos y maneras de lograr encender el fuego. Como escritor hijo de su tiempo, tal abundancia me absuelve y me sitúa. Ahora, en este capítulo, se trata de noches de viernes alrededor de la hoguera y mediodías de sábado asando comestibles en ella. Todo ello, convenientemente dispuesto al sesgo de los tiempos atómicos, web y efemérides. Para que el tiempo real conviva con las asincronías, y para que los topos convivan con los despiertos. Para que los dormidos sueñen con nuestros muertos. Y para que en la plaza de los Acebuches, estos olivos, cada alba amanezca un nuevo día. Milenios más, milenios menos.

 

el_escribiente

Tal, estás invitado o invitada:

Sat Apr 23 12:32:07 +0200 2016 (Qvitter)

 

Una anti-navaja de Occam llamada Lakurrealidad.

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