(borrador)

una esperanza grisácea adentrándose en fiebre violácea, adentrándose en el cuerpo de un apestado, Esteban, postrado en su lecho de muerte, 18 de agosto,1563. (I)

      Muero y quiero cuanto antes hacerlo y zanjar mi padecimiento. Una peste me ha devorado la salud. Dos días atrás aparecieron los primeros síntomas y aquí quedo aislado en mi cuarto.

      ¿Qué más lenta será está agonía?

      ¿Cuánta demora hasta que la guadaña venga a segarme de la Tierra? ¿Qué hago ya, aplastado en la cama, con tanto sufrimiento, mas que dolerme, pensar, pensar y hablarme en silencio…

      … dándole coba a la voz emergente, advenida, reina de mi propio reino, crénide desde donde emana mi autonomía discurriendo abajo las paredes de mi entendimiento y las breñas de mi razón?

      ¡Ojalá la mano me bailara una pluma al compás de los pensamientos…! Aún suerte pude remitirle un último envío a Miguel, mi amigo y albacea, depositando a su cuidado el grueso de mi trabajo. ¡Cuánto peor sería el sufrimiento de mi padecer si las fuerzas me hubieran abandonado sin permitirme cuadrar en orden la labor de estos años, el fruto literario de una libertad vivida, disfrutada, apreciada en conciencia; y hubieran caído en el olvido y la idea, esa idea de soberanía y voluntad de potencia que engendro, no iniciara larga marcha, de hombre a hombre, a través de los tiempos, de las generaciones!

      Confío en Miguel y sé que hará buena distribución de, entre todos mis escritos, aquel opúsculo contra uno, redactado al calor de la camaradería insurgente universitaria. Lo redacté cuando estudiaba las leyes prendado del vago anhelo de que la justicia fuera una dama justa y no una ciega prostituta, siempre servial al mejor postor; discurso claro, rotundo, dedo acusador de lo pusilánime que efecto de la tiranía engendra todas las cárceles de los serviles… verdadero y primerizo huevo, matriz de la idea.

      Pude entregárselos y él incubará su nacimiento; si Montaigne cumple mi voluntad y publica los textos rompiéndole el cascarón de lo inédito, nacerá una gallina que pondrá otro huevo y pronto no se recordará qué fue primero, si la idea o la palabra, si la voluntad de libertad o la libertad voluntaria…

      Se despliega una línea temporal de mi cadáver. No todavía. Una latencia me mantiene vivo. Aquí quedo, solo en mis soledades, habiendo gozado del amor, de la salud, de la fortuna, esperando en la soledad del contagioso, este ahorro de los padecimientos de la vida adulta. Justa y sabia es la Naturaleza, al fin y al cabo, me entregó la época frondosa y lozana dispensándome de marchitarme…

    Dejo patente, por escrito, una acusación y un reproche al reo que se desentiende de su libertad. Y una pregunta para el del futuro: si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?

una esperanza grisácea adentrándose en fiebre violácea, adentrándose en el cuerpo de un apestado, Esteban, postrado en su lecho de muerte, 18 de agosto,1563. (II)

      Por todas partes están floreciendo nuevos reyes, autoproclamados dueños de miles de aldeanos. Los nombran sus dependientes y se amparan en un privilegio heredado de sus familias, remontándose a orígenes divinos; o se legitiman en el éxito de sus contiendas bélicas conquistando la tierra y a quien en ella vive, valiéndose de la tecnología y de la nescencia virginal que traemos al mundo. Y después de humillar la libertad de quien pacíficamente mora el planeta, luego reprimen su natural, espontáneo impulso, sometiéndolos, malbaratando su independencia, su capacidad de aprendizaje…

      ¡Ay, gallina que tienes alas y apenas alzas el vuelo!

      Cuando la tortura no es física es blanca, no sobre el cuerpo sino sobre la mente; peor porque esconde las huellas y hiere veladamente.

      Ellos, los poderosos, manipulan las conciencias de los humildes y les arrebatan al olvido el don innato de la libertad. Y cuando las décadas asientan la paz y las gentes olvidan la guerra o las épocas de libertad, estimulan juegos y costumbres alienantes que los destierran de la vida libre y los apresan en el pesebre. El pueblo se encanta, se fascina con las golosinas y distracción que los astutos mandones les racionan; prefiere antes esos juguetes y esos escarceos que gozar de la propia vida.

      Se levanta encima de las gentes una pirámide que se estrecha, jerárquicamente hacia el cielo, allí donde el rey, el último y primero, el uno, reparte los mayores premios a sus bribones…

      ¡Si las gentes supieran cómo el oro compra lugar en la aristocracia cuánto menos respeto rendirían al escudo heráldico! ¡Si supieran que el rango no lo otorga la providencia, ni los dioses sino las monedas, cuánto menos temor padecerían de los castigos y la vigilancia ultraterrenos! ¡De qué manera el rey forja su corte vendiendo los títulos noviliarios para financiar sus ansias de poder!

    Se encrudecieron el año pasado las tensiones por la religión hasta el extremo de convertirse en guerra. ¿Quién combate? El “libre examen” protestante de los hugonotes en pugna con el institucionalismo católico. Dos facciones aspirantes a potencia dominante encarnizando una feroz pugna entre las casas nobiliarias y el monopolio del Vaticano por administrar la palabra de Dios. ¿Quién padece, por quién disputan la élites? Por la masa anónima.

Addenda

Pacifismo:

      Desde hace diez o quince años, tenía veintitrés cuando obtuve asiento en el parlamento, ya gozaba de claridad y entendimiento para discenir la trama, desde entonces he conocido a los grandes, corrompidos y corruptores, y he visto al pueblo sumido en esclavitud y horrenda miseria. He visto incendios, ejecuciones inauditas, a semejanza de la que llevó a término el condestable en Burdeos a raíz de la revuelta de la gabela, aquel absurdo impuesto sobre algo tan básico y necesario como la sal, motivación contextual del discurso contra el uno.

      Por un momento, la sevicia del tirano unió al pueblo. Mas, me lo repito, aun en el lecho de muerte, una y mil veces, no es asesinando como obtendrán la libertad, la violencia siempre regresa acrecentada: desde abajo se mató a tres oficiales y desde arriba ajusticiaron letalmente a ciento cuarenta personas, se azotaron, se sancionaron numerosísimas otras. Siempre he repudiado la violencia. Los oprimidos no necesitan masacrar al opresor, solamente retirarle la pleitesía, sólo decir: “basta” en lugar de “sí señor”.

      La autoridad no se combate derramando la sangre, esa es mi apuesta. Las cadenas no son tan duras, la autoridad se diluye como el rocío en la mañana, como el sol penetra el alba y como la noche se come a la tarde. Acontecerá un día, no sé cuántos siglos deben pasar, en que los hombres se emanciparán y proclamaran obsoleto, anacrónico, antiguo este régimen absolutista de reyes, nobles y obispos que por doquier se expande en Francia, y en Europa. Se desprenderá tal cual el caminante vacía su zapato de la molesta chinita, soltarán el dogma religioso en la vereda.

    Y, tal vez, eso espero, lo harán pacíficamente, sin combatirlos, solamente desobedeciéndoles. ¡Ay, los estertores! Al fin muero de negrura… retorciéndoseme el cuerpo bajo las palabras, ¿dónde moras portadora de la guadaña? ¿he de insistir por unos minutos más? Hasta el postrero aliento seguiré atento a cuánto me habla por dentro… ¡ojalá una pluma bailará al compás…!

Libertad:

      … si hay algo, claro y aparente en la naturaleza, es que ella, ministro de Dios y gobernadora de los hombres, nos ha hecho a todos de una misma forma y, al parecer, en el mismo molde, a fin de que entre nosotros nos conozcamos como compañeros o más bien como hermanos… Esta buena madre nos ha dado a todos la tierra por morada; nos ha alojado a todos en una misma casa, nos ha dado una figura común a fin de que cada uno se pueda reconocer en los otros; nos ha dado en común el gran presente de la vida y la palabra para que nos familiaricemos y fraternicemos unos con otros y de continuo.

    ¡Ay! Ya… ya concluye esta lenta agonía… débil latencia saliendo del finito, recuperando la condición de infinitud… se abre el Aleph…

Y a mí me parece distinguir una figura traslúcida y lóbrega penetrando en la alcoba apestando a moho, a tierra revuelta, atravesando las paredes y acercándose al lecho de Esteban cubierta de un negro manto y portando una guadaña con la que sesga de un certero tajo el postrer aliento del abogado. Queda tras su súbita muerte, a ojos vueltos de la historia, un fastigio inconcluso de una columna trunca que da para lamentar cuánto camino Esteban hubiera abierto, campo a través, en la selva de la libertad. O quizás no se perdiera nada con la muerte del humano porque la idea nacida ya continuara la senda. Sendas no para él sino para discurrir todos nosotros. Fortuna, según sus palabras, del huevo. Esteban muere a la edad de Cristo y deja a su paso, opino, una semilla aún si cabe más fértil que la del nazareno. La idea. O tal vez no, y pasarán los siglos y estático, inmóvil, el pueblo continuará olvidándose de la libertad y libando la flor de la distracción.

Bajo los adoquines, la playa

      » Lunes: No tanto revolución social para imponer un nuevo orden como para reventar la autoridad que obliga a un cierto tipo de orden, que define un patrón de Verdad y Valores.

      » Martes: A + O = Anarquía es Orden.

      » Miércoles: Pensaba que el abismo estaba dentro de mí. Ahora veo que está entre yo y la realidad.

      » Jueves: La dimensión ideológica de la Razón Científica.

      » Viernes: El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente: ése es el ideal del hombre absurdo.

      » Sábado: Del buen cristiano o fiel súbdito del rey al buen demócrata.

    » Domingo: Si el ser humano es, en tanto que ser social, la medida última de todas las cosas, entonces ¿a qué y a quién acudir para suscitar su sumisión?

T. Ibáñez, 2007

Lunes: No tanto revolución social para imponer un nuevo orden como para reventar la autoridad que obliga a un cierto tipo de orden, que define un patrón de Verdad y Valores.

Hacia las once de la noche colocó las cargas en las torretas.

En Cataluña, al oeste de Manresa, en Rajadell, el 2 de agosto de 1963, de madrugada, tres torres eléctricas que llevaban alta tensión a la ciudad de Barcelona volaron por los aires.

Diez años después de que la c.n.t. en el exilio decretara que se cortaran las cuerdas que ataban las pistolas a las muñecas de los insurgentes, este fue el último sabotaje del último de los maquis.

Con doce años de edad, en agosto de 1920, estaba con su madre recogiendo legumbres, en un día muy nuboso. Empezó a llover y, de repente, un rayo seguido de un gran trueno les cayó encima. Su madre murió y a él le quedó la cara quemada.

Martes: A + O = Anarquía es Orden.

La actualidad del anarquismo, Tomás Ibáñez

      Por su propio origen, la historia de la «A-en-un-círculo» se inscribe, muy directamente, en la voluntad de poner coto a la extraordinaria fragmentación, los sectarismos y a los dogmatismos, que aquejan, endémicamente, al movimiento anarquista, dividido en un mosaico de organizaciones y de grupos, aislados los unos de los otros, cuando no directamente enfrentados entre sí, inmerso en lo que más tarde denominaríamos, irónicamente, la guerra entre las Capillas.

      (…)

      La sugerencia fue bien acogida, y tras dedicarle bastantes horas de discusión, en el exiguo piso de Clignancourt donde nos reuníamos habitualmente, se nos ocurrió la idea de una A-en-un-círculo. René Darras, un compañero del grupo, versado en el diseño gráfico, se encargó del dibujo, yo redacté buena parte del texto en el que se explicaban los objetivos que perseguía nuestra propuesta, y lo publicamos en la primera página del número 48 (abril de 1964), del Bulletin des Jeunes Libertaires, bajo el título: Pourquoi A?

      «¿Por qué esta sigla que proponemos al conjunto del movi-

      miento anarquista…? Dos motivaciones principales nos han

      guiado: primero, facilitar y hacer más eficaces las actividades

      prácticas de inscripción en las paredes… y en segundo lugar ase-

      gurar una mayor presencia del movimiento anarquista… me-

      diante un elemento común que acompañe a todas las expresio-

      nes del anarquismo en sus manifestaciones públicas… Se trata

      para nosotros de elegir un símbolo suficientemente general para

      poder ser adoptado por todos los anarquista… Asociando cons-

      tantemente (… este símbolo…) a la palabra anarquista termina-

      rá, mediante un mecanismo mental bien conocido, por evocar,

      por sí solo, la idea del anarquismo en la mente de las personas.»

Addenda Oxímoron de banderas

La enseña rojinegra nació el 27 de Abril de 1931 en el Sindicato de la Construcción de Barcelona con motivo de la controversia mantenida entre dos grupos anarquistas: Bandera Roja y Bandera Negra a la hora de elegir la bandera con la que habrían de manifestarse el 1º de Mayo de ese año la CNT y la FAI. Los primeros incidían principalmente en la cuestión obrera y los segundos mantenían posturas más radicales. La cuestión fue resuelta fundiendo las dos banderas por la diagonal a propuesta de García Oliver que militaba en Bandera Negra:

El eco de los pasos (autobiografía), García Oliver

      Nosotros acordamos celebrar otro mitin, el mismo día y a la misma hora, en el paseo del Arco del Triunfo, a unos doscientos metros del otro. Contábamos con un camión de carga que nos proporcionaba un compañero para, subidos a él, instalar la presidencia del mitin y la tribuna de los oradores.

      Ún grupo de compañeros contertulios del café del teatro Cómico del Paralelo había ganado una fuerte participación en la lotería del 1 de enero de 1931. (…) Acudí a ellos en busca de ayuda económica para asegurar mi participación en la comisión organizadora del mitin.

      —Quisiera la confección de grandes banderas rojinegras, para las que se

      necesitarían treinta metros de tela negra y otros tantos de tela roja. Pienso

      que deberían repartirse octavillas con la bandera rojinegra y las siglas CNTFAI,

      rematadas con la declaración de: «Primero de Mayo. Fiesta internacional

      de gimnasia revolucionaria».

      Encargamos a un taller de carpintería las astas de las banderas. Unas compañeras se encargaron de cortar la tela y de coser sus piezas en escuadra, según dibujo que les proporcioné. Y se imprimieron diez mil octavillas.

      Llegó el Primero de Mayo. Fue una mañana de mucho movimiento. Los trabajadores de Barcelona iban en grupos al mitin. ¿A qué mitin? Se produjo cierta confusión. A la misma hora y muy próximos uno de otro, se celebraban el oficial de la CNT y el nuestro, mezcla de CNT, FAI y Comisiones de Inquilinos y de Mujeres del Servicio doméstico.

      Algo llamaba la atención de los obreros barceloneses y de cuantos transitaban por los paseos laterales del Arco del Triunfo: las cinco enormes banderas rojinegras del anarcosindicalismo y la totalmente negra del anarquismo.

      La rojinegra —un rectángulo en dos escuadras—, por el vivo contraste del negro y el rojo, fue rápidamente admitida como enseña de una revolución largamente esperada por el proletariado español. La gente, cuya mayoría saliera de sus casas con ánimo de no perderse el mitin sindicalista del palacio de Bellas Artes, como si de pronto se diera cuenta de que la promesa del futuro estaba estrechamente vinculada a la bandera rojinegra, se detenía ante nuestro camión, flanqueado por las seis enormes banderas ondeando al viento.

      Y ya no se iban. Se quedaban en espera de escuchar algo distinto de lo que hubieran tenido que oír en el otro mitin, el de los líderes del sindicalismo.

      No fueron defraudados. El presidente del acto, Castillo, y los oradores, Luzbel Ruiz, Parera y yo, sonamos con estrépito los clarines de la revolución social. Expliqué el significado simbólico del rojo y negro de la bandera que por primera vez aparecía en público. Hice una glosa de la significación revolucionaria del concepto de «gimnasia revolucionaria», que aparecía en la octavilla que se había distribuido profusamente, dejando sentado que la clase trabajadora sólo lograría triunfar de las fuerzas de represión de la clase burguesa si con una continua práctica de la gimnasia revolucionaria se liberaba del fetichismo de los uniformes.

      La gran explanada que va del Arco del Triunfo a la parte posterior del palacio de Bellas Artes se llenó de trabajadores. Sin que hubiese acuerdo previo de los organizadores del acto, Arturo Parera, que actuó como último orador, al finalizar su discurso, en tanto que presidente de las comisiones de Inquilinos y de Mujeres del Servicio doméstico, sacó un escrito que contenía unas conclusiones del mitin, para ser presentadas a Francesc Maciá en el palacio de la Generalidad.

    La gente las aplaudió y las aceptó. Ello suponía que la presidencia del mitin se trasladaría a la plaza de San Jaime para entregar las conclusiones. Parera, militante confederal de Zaragoza, que se había trasladado a trabajar a Barcelona no había llegado a comprender la idiosincrasia del proletariado catalán, (…)


La bandera de Falange se le ocurre a Giménez Caballero una tarde pasando por una sede de la CNT, aunque la de CNT está cortada diagonalmente en rojo y negro, como no había viento, caída quedaba las tres franjas verticales en rojo y negro de la Falange.

Miércoles: Pensaba que el abismo estaba dentro de mí. Ahora veo que está entre yo y la realidad.

— ¡Odrallagorgen! ¡Odrallagorgen!

— ¡MEDIO-ECO!

— ¡Ya va! ¡Ya va! ¡Qué voces, por Abraxas, Azathoth, Dionisos, Luzbel y Alekhine! Qué forma de increpar…

— ¡Te estás politizando!

— ¿Perdona?

— ¡Estás politizando la columna!

— ¿Y?

— Eso no es lo que aconseja el insigne…

— ¿No lo aconseja?

— En absoluto… dentro de cien años, en la posteridad, tu escritura valdrá menos que un eslogan publicitario… la política es tan efímera con el polvo de las alas de una mariposa…

— Vaya… suponiendo que ahora tenga algún valor, lo cual no me atrevería a sostener… pero, me sorprendes, Gallarditonegro… ¿quizás debería misiticizarme…?

— ¡Diantre de medio-ego cojonero! Gallardonegro, ¿puedes hacer el favor de darle tregua al querubín…? tu tiempo ya pasó… le toca…

— ¡Eso! Shhhhhhhssss… Además, recuerda: ¡quién no cree en derechas ni izquierdas…

— ¡Es de la falange!

— Correcto. De la falange última, se entiende… la de las hienas, sabandijas, buitres y demás agregados al «bando nacional»… No vayamos por ahí. Una cosa es politizarse y otra el enfrentamiento gratuito… Pero silencio. Sin acritú ninguna… se escribe. Pluma, folio, acción:

— Adelante, Odrallagorgen, coge el rábano por las hojas…

— Shh… vigílame al medio-ego.

Ismo entre los -ismos, caracterizado por una ausencia de efectos acumulativos tanto a nivel organizativo como ideológico o social, el libertario no quiere imponer al resto su forma de vida sino que quiere vivir su vida libremente. El resto de facciones políticas usan la fuerza para reclutar su séquito. Hete aquí una muy importante diferencia para cuando los posmodernos de hoy en día sueltan eso de: las ideologías, todos los -ismos están anacrónicos. Hoy el mundo ya no necesita de -ismos… No todos los -ismos son iguales, hay matices e importa…

— ¡Y dale! erre que erre, jode que te jode, politizando…

— ¿Será posible! ¡A callar!

— Gallardonegro, ¡ven aquí pacá!

En palabras de Camus: el libertario por excelencia es un Sísifo feliz, vale decir: una acción más que una teoría, un caminar más que un destino, un apartar la autoridad más que un instalar un orden… Si la roca rueda de nuevo a la falda de la montaña ello se debe a que se la empujó a la cumbre. Nada a qué agarrarse, mano siempre abierta, paso siempre sereno, semblante risueño, no prisa no pausa,…

— Golpe a golpe, y versos.

— Eso es, Jaime. Gracias por el capote y por sujetarme al medio-ego. Pero oye, no le aprietes tanto el cuello a Gallardonegro a ver si nos lo vas a ahogar…

— Tranquilo, este tiene siete vidas como los gatos negros…

— ¡Miau!

En la circunferencia, el Centro jerarquiza el espacio para el cual sirve de referencia. La distancia al Centro estructura el espacio en círculos concéntricos, y cuando nos trasladamos desde lo geométrico a lo social, esa distancia al Centro indica las diferencias de poder.

En el campo de lo social quien dice Orden está diciendo también Poder. Todo principio de orden es al mismo tiempo un principio de poder por el hecho mismo de que todo Orden conlleva una coerción ejercitada en contra de la entropía que lo amenaza. Procedimientos que han utilizado las sociedades para asegurar su cohesión y evitar el permanente peligro de una disgregación interna producida por la confrontación directa, y a veces violenta, entre sus diversos componentes. La forma general que han tomado esos procedimientos a lo largo de la historia ha consistido en postular la existencia de un metanivel que trascendiera la finitud humana y en designar unos mediadores que tuvieran el privilegio de encarnar este metanivel o de dejarlo hablar por su propia boca. De esta forma nadie es juez y parte en los conflictos, sino que se pueden acatar en confianza los veredictos porque no emanan precisamente de un simple semejante, asimismo nadie se encuentra solo frente a las decisiones que debe tomar, puesto que dispone de indicaciones e informaciones que escapan a la mera subjetividad humana. No importa que, según las sociedades, el metanivel consista en una divinidad, en la tradición, en el conocimiento objetivo, o en la supuesta voluntad general, ni que sus mediadores sean clérigos, chamanes, venerables ancianos, expertos científicos o representantes del pueblo.

— Odrallagorgen, ¿estás citando a Tomás Ibáñez?… ¿Y se puede saber qué hace Jaime amordazando a Gallardonegro bajo el escritorio?

— ¡Hola Emiaj! Efectivamente, le estoy citando al pie de la letra… Y, sí, se puede saber: cosas de ego…

— Gallarditonegro no quiere que politice la columna e interrumpe todo el rato…

— ¡xzxxx! ¡mmmmm! ¡ssdddd!

— Pero, hombre, Jaime, ¡sácale el calcetín de la boca! Estará limpio por lo menos…

— Nada Emiaj, mi querido medio-eco… es mi turno y escribo cuanto me viene en…

— ¿E cosí?

— ¡Exacto!

— ¿Y te falta mucho para acabar? Sufro un poco viendo a uno de nuestros medio-egos reprimir al otro medio-ego…

— No, de hecho ya terminaba cuando tú viniste a interrumpir… nada más falta enlazar con el título y…

— Sí, ahora que lo mencionas… a eso venía yo… leí el índice y en el título de hoy… ¡burro delante paque no sespante!

— Odrallagorgen, termina por favor, que Gallardonegro se está poniendo morado…

— ¡Pues callarse, córcholis! Pluma, folio, ¡escritura!

Creí que la cosa inmensa, insondable o incomprensible; que la diferencia grande entre cosas, personas, ideas, sentimientos, etc. estaba dentro mí. Ahora veo que está entre nosotros y la realidad.

— ¡Acabé! Jaime, ya puedes sacar a Gallardonegro de debajo del escritorio y desamordazarlo…

— Un momentín… este nudo por aquí, este otro por allá… ¡liberado!

— ¡Ya os vale! ¡Qué traidores, reprimir el derecho de expresión mediante el uso ilegítimo de la fuerza!

— Si es que no dejas otra alternativa…

— ¿Y qué os pareció el parrafito final?

— ¡Cómo tiras de R.A.E.!

— Qué regustillo a misticismo político…
Jueves: La dimensión ideológica de la Razón Científica

— ¿Por dónde sigue la columna de esta semana, Odrallagorgen? ¿Has terminado de citar a Ibáñez?

— No. Todavía he de copiar más textos de “Actualidad del anarquismo”.

— ¿Para qué molestarte en volver a escribir lo escrito si lo escrito ya dice lo que quieres decir?

— Tal cual. Guarda un poquito de silencio.

La ideología contra la cual se rebelan Nietzsche, Heidegger y Foucault no es otra que la ideología de la modernidad, ideología que impregna todos las fibras de las sociedades occidentales (y de algunas otras), y que conforma por lo tanto nuestra propia forma de ser y de pensar. Esta ideología, configurada en el siglo XVIII por los filósofos de la ilustración, enriquecida y consolidada durante los dos siglos siguientes y plenamente asumida por toda la Izquierda, es absolutamente indisociable de la lenta emergencia de la Racionalidad Científica a partir del siglo XVII. Es, por así decirlo, la dimensión ideológica de la Razón Científica.

En efecto, los pensadores de la ilustración, desbordantes de optimismo y de esperanza ante los logros de la Razón Científica dieron la espalda al oscurantismo místico, atacaron la sarta de supersticiones que aquejaban a la humanidad y emprendieron con energía la demolición sistemática del entramado en el que se basaba el anterior ejercicio del poder ideológico (y fáctico). La Verdad ya no podía emanar de la referencia autorizada a Dios, léase la institución religiosa, sino que era competencia del puro y simple ejercicio de la Razón. El discurso ideológico de la ilustración era muy claro: la Razón aseguraría el Progreso, conduciría hacia el Bien-Estar-Social, disiparía las tinieblas, acabaría paulatinamente con los misterios de la naturaleza, liberaría a los individuos de las falsas creencias que permiten subyugarlos, y destruiría finalmente la posibilidad misma de la arbitrariedad. La humanidad había encontrado por fin el instrumento adecuado para reconquistar el paraíso terrenal y poner punto final a la historia.

Anunciando la era de la postmodernidad, la gran aportación de Nietzsche, Heidegger y Foucault consiste precisamente en denunciar el juego de manos que se encuentra en el origen mismo de la ideología de la modernidad y mediante el cual se hace salir públicamente a Dios por la puerta principal, al mismo tiempo que se abre la ventana para que pueda volver a entrar sigilosamente en la habitación. Pero la denuncia no basta. Estos pensadores van más lejos y no dudan en cerrar la ventana dejando a Dios definitivamente en la calle con todas las consecuencias que esto comporta. Una de las más importantes es que no nos queda otro remedio que asumir plenamente la inexistencia de cualquier metanivel que trascienda la simple existencia humana. No hay ningún principio absoluto, no hay ningún criterio que tenga una fundamentación firme y definitiva; los seres humanos no pueden ampararse en nada que no provenga de sus propias producciones.

To live is to die

Es cierto que los pensadores de la ilustración ayudaron a desmantelar la Retórica de la Verdad basada en la figura de Dios, pero lo que nos ofrecieron en su lugar estaba basado en los mismos principios. En efecto, todas y cada una de las condiciones generales que acabamos de enumerar se encuentran reproducidas con absoluta exactitud en la retórica de la verdad basada en la Razón. Se nos dice que aunque la Razón sea una producción humana los criterios que la definen están situados en un metanivel que trasciende nítidamente la mera contingencia y variabilidad de la propia condición humana, y que las prácticas científicas constituyen hoy en día las únicas prácticas sociales que están socialmente legitimadas para producir la verdad acerca de cómo es el mundo en el que vivimos. Se nos enseña que todas las producciones culturales humanas son cambiantes y relativas a la época a la que pertenecen pero, se añade…, salvo la propia Razón Científica. Se declara que debemos dudar de todo…, salvo del carácter absoluto, fijo, ahistórico, de los criterios de la cientificidad. Y se concluye que para acceder al conocimiento válido es preciso arrinconar todo elemento social o histórico que pueda condicionarlo y suprimir toda huella de subjetividad que pueda distorsionarlo, así como todas las características, simplemente humanas, de quienes formulan ese conocimiento.

Esto significa que nuestra época no goza de ninguna inmunidad histórica, que no tiene ningún privilegio respecto de las épocas anteriores, y que lo que hoy damos por sentado, por evidente, por incuestionable, aparecerá ante los ojos de nuestros descendientes más o menos remotos como algo tan relativo y tan ligado con las peculiaridades de nuestros tiempos como nos puedan parecer a nosotros los firmes principios que regían las creencias de nuestros remotos antepasados.

Viernes: El presente y la sucesión de los presentes ante un alma sin cesar consciente: ése es el ideal del hombre absurdo.

La primera actitud que parece desprenderse del reconocimiento del absurdo es la que formularon la mayoría de los filósofos de la existencia, desde Jaspers a Chestov y a Kierkegaard: la esperanza.

— Pzzzzzzz. ¿Eso es tuyo?

— ¿Pzzzzzz? Ya estamos, Gallarditonegro… no, es Tomás…

— Odrallagorgen, ¿saco el calcetín?

— Espera,… el uso de la violencia no ha de ser un hábito… si acaso momentos puntuales, extremos… Sí esperanza: Es cierto que la lucha contra el Centro lo ayuda a subsistir, pero no luchar contra él es resignarse a abandonar la vida y a no ser más que otro punto inerme en la perfecta circunferencia que el Centro dibuja.

— Entonces, ¿se puede opinar?

— Opina…

— ¿Esperanza? ¿Esperanza como principio de trascendencia? ¿Qué quieres que te diga! Prefiero la fe o la creencia racional antes que esperanza… En cualquier caso, ¿qué objeto tiene hablar de esperanza o de principios trascendentes o mandangas de esa calaña? Habría que hablar de ¡poder! ¿Tú qué dices Emiaj?

— A ver…

— ¿Qué ver? Odrallagorgen, ¿cómo puede avalarse una aquiescencia que pone al animal humano como centro y eje de todas las cosas…? Algo tan insignificante (unos pocos segundos) como el homínido para el superorganismo Gea… ¡Pero si todavía estamos en la era de los artrópodos!

— Coincido plenamente en que la cuestión del poder constituye el principal elemento diferenciador entre los grados de libertarismo que presentan los distintos pensamientos socio-ideológicos, así como de las distintas actitudes sociopolíticas, tanto individuales como colectivas. Sin embargo, politizando la columna, lo que no me parece en absoluto aceptable es considerar que la relación del pensamiento libertario con el concepto de poder sólo se pueda formular en términos de negación, de exclusión, de rechazo, de oposición, o incluso de antinomia. Es cierto que existe una concepción libertaria del poder, es falso que ésta consista en una negación del poder

— ¿Citas o escribes?

— Cito.

— De lo que dices, o recitas , Emiaj, se deriva que ¡abajo el poder! debería desaparecer del léxico libertario en favor de ¡abajo las relaciones de dominación!

— ¿Citas o escribes?

— Cito.

— Mmmm… a mí no me ha costado renunciar, o sea: deshacerme, del adoctrinamiento que confería mi libre arbitrio a los designios y anhelos de una fe católica. Un poquito más me cuesta deshacerme de la Razón Científica ¡es tan útil!

— ¡Ui qué lío gente! ¿Hay o no hay principio motor trascendente?

— ¿Qué hay Florecilla? Mi querida Lilith, yo no sé, realmente, si el mundo tiene un sentido que lo supera, lo que sé es que es absurdo, y punto, y que debo mantener esta verdad; se trata únicamente de saber si quiero vivir con ella…, y solamente con ella.

— ¿Citas?

— Cito…

— Pero, en concreto, en particular, en lo personal, ¿nosotros sí tenemos un principio transcendente? ¿no? ¿Luz! ¡Luz! ¿Estás ahí amada Luz?

— Efectivamente… me tenéis… aunque, quizás, yo no sea vuestro principio trascendente sino vuestro final por algo durante el transcurso de la semana habéis comprendido que el abismo está allí fuera y no acá dentro…

— Así sea, venerable Luz… ¿Cito?

— Cita…

Resulta indispensable revisar una serie de principios tales como la no participación sistemática en cualquier tipo de proceso electoral, o la negativa a disponer de liberados retribuidos siempre que su carácter rotativo sea escrupulosamente respetado, o el rechazo sistemático de alianzas con los sectores no libertarios de los movimientos sociales etc. (sobre todo teniendo en cuenta que estos principios que convendría revisar no son constitutivos del núcleo duro del pensamiento libertario).

Es gracias a la coexistencia de amplios sectores blandos, ideológicamente inseguros, de una coherencia oscilante etc. con sectores radicales, duros, intransigentes, etc., que se produjeron las situaciones más favorables para propiciar cambios sociales profundos (véase España 1936).

En cualquier caso, parece esencial, y eso es quizás lo más difícil de todo, que radicales y reformistas se acepten mutuamente como elementos a la vez antagónicos y complementarios, y como, irreduciblemente, enemigos y aliados en un proceso en el que ambos se necesitan.

— ¡Uiii! ¡Cuánta paradoja y cuánto oxímorón!

— Hete ahí la necesidad de trascendencia… ora creencia, ora objetividad, ora esperanza…

Sábado: Del buen cristiano o fiel súbdito del rey al buen demócrata.

¿Se puede ser antiautoritario, enemigo de las dictaduras, adversario de los totalitarismos, y declararse simultáneamente antidemócrata? Pues claro. Basta con no caer en esa ingeniosa artimaña retórica que logra enmascarar las características definitorias de la Democracia y que consigue establecer como términos antónimos por excelencia las palabras Dictadura y Democracia.

Tras la primera década del tercer milenio o, también, año 125 del otro calendario, asegura T. Ibáñez, en España no hay democracia, sino demoacracia. No tanto el poder residente en el pueblo sino el pueblo sin poder.

En una democracia es, siempre, una minoría del pueblo, y casi siempre una minoría del cuerpo electoral, quien decide qué partido político tendrá el peso suficiente para optar al gobierno del país. En una Democracia es una exigua minoría, dentro del partido minoritariamente apoyado por los electores, quien decide otorgar las riendas del gobierno a tales o cuales personas.

Se han establecido interesantes distinciones entre Democracia formal y Democracia real, o entre Democracia representativa y Democracia participativa. La nuestra, y la de todos los actuales países democráticos, es sin duda una Democracia formal de tipo representativo, con todo lo que esto conlleva.

Se puede entrar en debate con quien mantenga que el veredicto de las urnas constituye legitimación suficiente para gobernar, aun cuando ese veredicto exprese un sentir minoritario, pero no queda más remedio que llamar mentiroso a quien pretenda que una Democracia se gobierna en nombre de la mayoría. ¿La mayoría de la Cámara? Por supuesto. Pero no es a la Cámara a la que se gobierna sino a una población.

Si la Democracia consiste en que sea siempre una minoría quien decida por todos los demás (Constitución, Gobierno, decisiones importantes etc.), si esto constituye precisamente uno de sus principios de funcionamiento definitorios –y lo es, sin duda alguna, a la luz de las prácticas democráticas reales– entonces reclamo el derecho a decir con toda tranquilidad que no soy demócrata, que no me identifico con los procedimientos de la Democracia, y que no tengo el más mínimo deseo de defender sus principios.

Lo que no tenemos es:

      – Reconocimiento de que los ciudadanos son la única y última instancia de donde emana la legitimidad política;

      – Separación tajante de los poderes como garantía contra la expansividad natural del Poder;

      – Delegación temporalmente limitada del poder, es decir, instancias de representación de los ciudadanos, porque bien sabemos que la Democracia directa estricta no es viable en cuanto el tamaño de la colectividad supera un cierto umbral. La delegación, la representación se torna entonces inevitable y ni siquiera escapan de ello la CNT o las organizaciones específicas.

    – Pero, delegación donde una persona es un voto sin que diferencia alguna, de cultura, de riqueza, o de lo que sea, pueda vulnerar esta igualdad.

Y, yo (Tomás) no sé lo que pensaréis, pero por mi parte estoy bastante harto de que siempre que arremetemos contra la Democracia tengamos que hacerlo, sobre todo en este país, con cierta precaución, tengamos que justificarnos de manera casi vergonzante como si tuviéramos que pedir perdón por no acatar el sistema democrático. Pues bien, me gustaría sugerir una estrategia bastante simplona para invertir los papeles, para que sean los defensores de la Democracia quienes tengan que justificarse. La estrategia es bien simple, cuando se nos pide que aceptemos el juego democrático, cuando se nos dice que debemos contribuir constructivamente al mejoramiento, a la profundización de la Democracia, tenemos que decir que sí, que estamos totalmente abiertos a jugar el juego de la Democracia, pero poniendo una única condición: que el juego al que se nos invita sea efectivamente el juego de la Democracia. Es la vieja astucia que consiste en poner una sola condición, pero una condición de imposible cumplimiento. Tranquilos, nunca tendremos que jugar al juego de la Democracia, sencillamente porque la Democracia normativa es estrictamente incompatible con el sistema capitalista.

Lo que quiero decir es que lo más subversivo, hoy por hoy, consiste en mostrar el abismo que separa la Democracia real y la Democracia normativa, es mostrar que la Democracia real incumple sistemáticamente todas las promesas y todos los principios de la Democracia concebida a nivel teórico.

— Ya… ya… y tú, Odrallagorgen, has descubierto que el abismo está entre nosotros y la realidad. ¿Es eso?

— Eso es…

— Muy bien con la crítica, bla, bla… “No, no”,… siempre en contra… ¿y qué hay más allá de la negativa…?

— ¡Un Sísifo feliz!…

Lo que hay, hoy, más allá de la Democracia es la crítica radical, es la subversión, es la resistencia y es la utopía, esto es lo único que hay hoy más allá de la Democracia.

— Vale. De verdad, medio-eco, yo no sé qué te ha dado, siendo tú un angelote, un querube, un ser sutil, una ertidad psicológica que mora el interior de un españolito que vino al mundo, por escribir sobre los problemas políticos en lugar de…

— Deudas kármicas, amigo medio-ego, deudas del pasado…

Domingo: Si el ser humano es, en tanto que ser social, la medida última de todas las cosas, entonces ¿a qué y a quién acudir para suscitar su sumisión?

Addenda

(Se corre el telón sólo en su parte central y no sube del todo; impidiendo al público ver qué hay arriba ni a lado y lado. Un foco ilumina el centro del escenario. Sentados en una mesa redonda, mi doble paridad psíquica disfruta de un puchero. Celebran la entrada del período estival.)

      J: — Muy bueno te ha quedado el guiso, Odrallagorgen… todo en su punto… ¿te sirvo un poquito más de vino?

      O: — Echa, echa, gran fastigio de nuestro ego, ¿te gustó? Me alegro. A mí me hace muy feliz que hayamos decidido sentarnos los cuatro a comer juntos… ¿tú qué opinas, Emiaj, quedaron tiernos los taquitos de chicha?

      E: — Ciertamente, gran sima de nuestro eco, ¡perfectos! Y, entonces, a tenor de lo leído esta semana, tras la revisión a grosísimo modo del

-ismo

      libertario, ¿nosotros somos anarquistas? Quiero decir…

      G: — ¡No quieras decir nada, abrupto fastigio de nuestro ego! Dejemos el tema, sigamos en la vida, evitemos entrar de nuevo en la burbujita…

      E: — ¿Perdona?

      G: — Perdonado…

      J: — ¿Más vino, Emiaj?

      E: — Por favor, muy agradecido…¿Qué burbuja?

      O: — ¡Cáspita qué agriado tienes el carácter, abrupta sima de nuestro ego! ¿qué burbuja? Yo creo que Emiaj pretende…

      G: — ¡Pretende, pretende! Otra vez: ¡a la burbuja!

      J:— Ya te veo venir, para ti lo único importante, por encima de banderas, colores, programas, afiliaciones, es lo de los

hombres verdaderos

      , solamente

muerte y eternidad

      … y… ¿qué son esos papeles? no los escondas, ¿qué son? ¿Te sirvo Gallardonegro?

    G— ¡Llena! Más o menos… y más cosas… pero ¿podemos dejar el tema? Aquí tengo una dragontea que escribí hace tres años… si me permitís, me leo…

(Todos asienten. Callan y comen. La sima-ego aparta un poco su plato, toma un sorbo de su copa y lee:)

viernes, quince días del 122

Idea de una historia universal en sentido cosmopolita

      Los bárbaros, o sea, aquellos que asientan su criterio en la premisa de que

el humano es un lobo para el humano

      y en que

el corazón de todo hombre cobija una bestia astada

      , es decir, los imperialistas -que

desean que el imperio cubra la faz de la Tierra y vele por la seguridad de otro modo impensable

      -, han deshechado del imaginario de aspiración común

La Ciudad de Dios

      , destino colectivo en su tiempo diseñado por un monje iluminado. Ahora, se dicen, anhelan

La Ciudad Global

      .

Una, la de San Agustín, constituye la esfera teológica, la otra, la Ciudad Global, la económica. Ya ven, el plano real ha variado sus coordenadas y el paradigma se recibe en otro canal. Lo mismito que la televisión analógica y la T.D.T. Cosas de la evolución ¿no? Yo, aprovechando, no me he comprado el aparatito decodificador y ahora tengo la tele en el mueble del comedor muertita de asco. Es, ya, no un electrodoméstico sino una obra de arte moderno. Simboliza un vestigio, un intento de fósil. Je.

Desde los primeros movimientos gnósticos y la selección de evangelios en el concilio de Nicea del s.V, hasta las primeras federaciones de paz y los primeros juegos políticos de Kant del s.XIX en adelante, ha sido una obsesión atribuir a la ciudad -a la metropolis, a esa aglutinación vertical sobre asfalto- la dimensión cosmopolita, vale decir, equipar la localidad de la urbe con la universalidad del orbe.

Probaron el modo republicano de soliviantar el gesto violento de los totalitarismos y ensayaron corrales democráticos para transvasar las ovejas desde los establos religiosos quedados éstos obsoletos y anacrónicos.

Probaron el modo liberal y forjaron los Estados de derecho, enjaulando los campos agrícolas en una alambrada cuya maya quedó apuntalada en los centros económicos metropolitanos y sus zonas industriales. Dispersaron el capital al amparo de la ley y neutralizaron toda fe no estipulable en ganancia.

Rebasado el tercer milenio, los imperialistas, duchos en corrección política, se practican un lavado de imagen y sustituyen el sustantivo imperio por el de cosmopolis, con el afán, igual, de extender la democracia y los derechos humanos en todo el mundo. Ya saben, el ideal de conquista, el tiempo se contará ab urbe conditia, a.u.c. desde la fundación de la ciudad.

Los tres pilares de la democracia cosmopolita son: un Parlamento Mundial, una Constitución inspirada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y un Tribunal Penal Internacional.

La ONU se formó en 1945. El Che Guevara fue un par de veces a hablar con sus señorías a cuento de los derechos de veto en la asamblea y de las políticas pactadas por los representantes de sus países vecinos, recuerden, recuerden… de niños descubriendo la desnudez del rey hay muchos…

¿Conoces las columnas Jachim y Boaz en las que se grabaron los conocimientos de las 7 ciencias libres antes del diluvio? Escrito en vertical, puede leerse en la una “sapere” y en la otra “aude”. Atrévete a saber. Hermes Trimegisto es el que halló las columnas masónicas tras el diluvio. Fue el iniciador de la gran ciencia sagrada de los espíritus así como de la filosofía relativa a Dios y al universo. George Washington, masón, fue el primer presidente de los Estados Unidos de América. J. Habermas bautiza esta era como la postnacional. La tensión que se hubo desplazado del eje Este-Oeste al eje Norte-Sur.

Completa, si te place, la serie: a) La ciudad estado hierática mesopotámica; b) la polis griega; c) la civitas romana; d) la comuna feudal de la edad medieval; e) el Estado Moderno… ¿qué sigue? pero más importante ¿qué hay fuera?

¿Dónde viven los inmigrantes, los apátridas y los refugiados?

a) Dentro hombres libres nacidos en la polis o en el imperio, fuera mujeres, esclavos, extranjeros, metecos; b) Dentro hombres libres de ciudad, fuera mujeres, siervos, campesinos; c) Dentro mujeres y hombres nacidos en el país; fuera extranjeros; e) Dentro todos, fuera ninguno.

Ahora…

(G. ahoga la voz y emula que sigue hablando. Se corre y se sube el telón en su totalidad. Se aprecia, entonces, que la mesa donde come mi doble paridad psíquica se ubica bajo un puente. Desnudos, Luz y Florecilla aparecen en escena. Luz viene tocando la Flauta de Hohle, Florecilla hace ecos corales… Se cierra el telón. Final)

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