¡Pasa peña!

Quiero contar de primeras una anécdota egográfica para que quien lee tenga un agujerito al contexto personal de quien escribe.

Estábamos en el Viñarock. De las primeras ediciones. Etiquetándose mi modus vivendis más de harcoreta o metalero que de punky estricto, si todo punky encarna el arquetipo del hippie deconstruido porque habiendo probado de girarse de espaldas al sistema e iniciado una nueva cosmogonía paralela no beligerante ha sufrido en autoría del uso en exclusiva de la fuerza por parte de los aparatos armados del Estado (la polícia, el ejército y, también i.e. G.A.L., paramilitares) reprimiéndolos, encarcelándolos de vuelta al sistema de economía-mundo, si todo punky encarna el avatar de uno de estos derrotados, entonces yo era un hippie-punky mientras que Chihuaka, mi maestro (un año menor que yo pero trece centímetros de altura y viente quilos de peso más) era punkie y casi nada hippie. Pues, en la situación, Chihuaka silva y jalea llamando la atención de la manada. Era el primer día, faltan dos horas para que abran las puertas del recinto y los conciertos comiencen.

De las tiendas de campaña, o tras los árboles, acuden los demás. Objetivo: colocar el toldo de cinco metros cuadrado, en el abierto circular que hacen las tiendas de campaña; guinda al campamento.

Hace 24 horas salieron cinco turismos repletos todos desde Cataluña. Llegamos de los primeros, estamos instalados justo ante las puertas; y hemos levantado en un plis el campamento. Quien mire a vista de pájaro, el helicóptero de la policía sobrevolando Albacete, entiende claramente qué clan controla la pista de acceso al recinto cuando Chihuaka, mi maestro (durante semanas, los sábados noche, en la zona de bares de Marina (BCN), practicábamos el noble arte de la lucha cuerpo a cuerpo, en plena calle, con total nocturnidad; tú sabes: yo, ya por entonces, volando por los aires cuando Chihuaka me apresaba y me lanzaba, –ambos superamos los cien quilos de peso, y el metro noventa. Aquellas oportunidades de lucha cuerpo a cuerpo en el contexto del combarte justo y con el deshonor anarquista: no hay poder; ninguno de los dos debe ejerce el poder sobre el otro.–, ya por entonces yo quería escribir un libro como Los viajeros del Dharma.

Entonces, para que vea: aunque él sabía que sin ellas yo me quedo ciego, cuando mi maestro silbaba yo ipsofacto ejecutaba el primero de los acuerdos que aprendí una de aquellas noches de lucha libre: «¡guárdate las gafas!»; y es que, así me lo explicó cuando se lo demandé, prefería tenerme entre los suyos mejor como «un invidente» que como «un cagao de miedo» a causa de los cristales (potenciales cuchillas) a dos centímetros de los ojos.

Vale, pues eso, fin del paréntesis) allí estábamos esa tarde en el Viña esperando entrar a desfasar y Chihuaka llama y todos acuden al centro del campamento, las tiendas en círculo alrededor, se estira el toldo, se ata bien tenso en los hierros de los vehículos. Y ya estamos instalados. Una vez más, el grupo se cierra sobre la nevera de birras, bajo la sombra, el pajarito arriba ve la gran A en círculo.

La cuestión, motivo de escribiros, ¿habéis leído el libro Del paro al ocio, que publicó Luis Racionero a principios de los ochenta? yo tenía cinco o seis años. Política, cultura, tecnología, amiguitos, son los pilares de la civilización. Quien se revoluciona cojo de alguna de esas columnas se rebela pero seguro que no conseguirá derrocar al antiguo poder para establecer el suyo por cuanto el poder precedente se mantendrá arriba en las columnas descuidadas.

Ahí en ese brevísimo ensayo sobre la sociedad postindustrial (al final creo que el postindustrial ya ha conseguido el nombre que tanto adoró en artículos de crítica política y social: la era de las sociedades en redes, era de la información que postula M. Castells), y quien se encuentra encarcelado y sabe que debe rendir pleitesía o morir se dice que de rendir pleitesía, se rinda a los buenos revolucionarios. Entonces, el bigfour lo ostentan: Copérnico, Darwin, Einstein, Freud. Revoluciones bárbaras las que epicentraron los estudios y letras derivadas de estos cuatro monstruos.

No es moco de pavo poner al Sol como centro de nuestro sistema pero, a su vez, como periferia del Universo. Dolor ahí de los católicos apostólicos y romanos de quien se duda sean cristianos; a quien se acusa son Pablistas o  Saulistas pero no seguidores del Jesucristo revolucionario que, por decir, como vocero de Lao Tse, proclama la doctrina esa que, a través del medievo, revolución industrial, Godwin connota anarquismo. Eso hizo la revolución copernicana.

 No es moco de pavo poner al organismo como centro de nuestro del planeta Tierra, a su vez, como hipótesis Gaia desfilando en una espiral evolutiva de continuo espacio-tiempo. Dolor ahí de los protestantes laboralistas nórdicos, muy humanistas selectivos, humanistas del hombre homo oeconomicus, de quien se duda sean cristianos; a quien se acusa son Calvinistas pero no seguidores del Jesucristo revolucionario que, por decir, como vocero de Lao Tse, proclama la doctrina esa que, a través del medievo, socialilsmo agrario, J. Hus connota socialismo agrario. Eso hizo la revolución darwiniana.

No es moco de pavo poner al vacío como sustancia primordial de La casa de todos que se relaciona a razón de E = mc² con cuanto de él emana, enfude, emerge. Dolor ahí de los comunistas y su sistema de economía-mundo articulado en el poder concentrado en tecnócratas y cargos del partido. La cuántica, desarrollada la revolución einsteniana, demuestra la necesidad de qualia (calidad de poseer conciencia) antes bien que tropas uniformadas ( o de esclavos modernos asalariados en la industria).

No es moco de pavo poner al vacío como sustancia primordial de la Economía que se relaciona según lo digitalizado magnéticamente en trillones de petabytes alojados en discos duros; centros de hiper lujo jugados al hambre de una gradación de alejamiento (ya no sobre el eje desde la ciudad al campo) hacia las periferias en corrección política nescientes y paupérrimas. Dolor ahí de los capitalistas liberales y de su sistema de economía-mundo articulado en el poder concentrado en tecnócratas y empresarios. Las finanzas, en tanto y que zona especulativa o metaeconómica, desarrollada la revolución freudiana, demuestra la necesidad de que el oro (valdría en verdad cualquier otro material preciado) ate o religue aquello que de otra manera es mera razón o idea. Antes bien que jerarquías militares capaces de gobernar ejércitos nacionales para cepillarse millares de vidas humanas en las dos Guerras Mundiales, se necesitaban equipos directivos y técnicos capaces de gobernar estados de bienestar capaces de sostener (educación, sanidad, alimento) millones de vidas civilizadas.

¡Vale, gracias por la escucha! Último decir y cerramos, perdonadme que os tutee, le da más solidez al decir:

 Si para que echen carbón para tu caldero hay que portarse mal: ¡pórtense mal! Pero, recuerden, recuerden, no hagan del medio un fin. Si la cosa cambia y los reyes magos echan carbón si te portas bien, obren en consecuencia. ¡No sean tarugos! ¡No se obstinen en una rutina, en un dogma, en un credo! Sometan, semanalmente, o cuando cambien las sábanas de su cama, todo cuanto les rodea al tamiz de su conciencia.

Fwdo:

Satan Lawyer (heterónimo profesional de cronista castellano).

P. D.: A seis días del año nuevo…

Entonces, ayer, a mí, los reyes magos de oriente, como me he portado muy mal, ¡y peor que me voy a portar!, y como ya viene siendo costumbre, me han dejado otro saquito de carbón. No dejen de contactar si necesitan combustible este invierno. Ya saben, la diosa máquina que vino a liberarnos, la que es capaz de hacer 100 horas donde yo hago 1 hora pero que no tiene, y yo sí, qualia, necesita la caldera siempre chuf-fhuf-ruhn-run… en marcha.

¿Si en su sano juicio, qué pueblerino de la España profunda le escribiría en la carta al mágico Mr. Marshall algo otra cosa que no una máquina? ¿Y qué otra cosa no le pido yo en mi carta al plan de conquista financiero chino de turno o putiniano de rusia o, en fin, a los tres reyes magos en los que un día creí como un día fui humanista, socialista y obrero, y ya no creo: si no carbón para mis máquinas?

P.D.2: Una proclama:

¡Arriba la Revolución sencilla y natural!; que cada hijo de hippie que se hizo juppie abandone el sistema de valores bursátil y retome el sistema de valores éticos de sus pmadres, ¡que se radicalice!; que por cada hijo de hippie que ahora es punky que abandone la estética mimética con el urbanismo decadente postindustrial y retome la estética mimética con la flora y la fauna de sus pmadres, ¡que florezca!

Anuncios